¿Qué es lo que hay que tener para ser Patrimonio de la Humanidad?

Formar parte del listado más VIP de la Unesco es mucho más que un capricho político.


Tener algún bien protegido por la UNESCO es el sueño de toda localidad y de toda oficina de turismo. La promoción que trae consigo, la aceptación popular y los titulares en los medios de comunicación internacionales son, ya de por sí, un aliciente muy suculento y nada desdeñable. Pero no, este listado no obedece a criterios estéticos o culturetas. Detrás tiene una historia y unas complejidades que merecen la pena tener en cuenta. 

UN ORIGEN DE 80 MILLONES DE $

Todo comenzó cuando Egipto tuvo la fantástica idea de aprovechar al máximo el Nilo construyendo la presa de Asuán. Dicha obra de ingeniería suponía la inundación de un vasto terreno donde se hallaban obras como el templo de Abu Simbel o el de File. Fue entonces cuando la Comunidad Internacional se echó las manos a la cabeza y se alineó con el objetivo de preservar ambos tesoros arqueológicos. De este modo, 50 países se pusieron de acuerdo para reunir 40 millones dólares que, sumados a otros 40 provenientes de otros donantes, permitió que ambas maravillas se trasladaran a tierra seca. A cambio, el país de los faraones recompensó a cada nación participante en este crowdfunding con un obsequio que, en el caso de España, fue el Templo de Debod que ahora luce en Madrid.

Este consenso multinacional se consideró un caso de éxito. Al fin y al cabo, países de todo el mundo se habían puesto de acuerdo para catalogar unos monumentos como de interés mundial. Este fue el germen de lo que hoy se conoce como Patrimonio de la Humanidad, aunque hasta 1972 la UNESCO no concretó todo en la Convención sobre la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural. Cinco años después, tras la anexión a dicha convención de 34 países de todo el mundo, se celebró la primera sesión del Comité del Patrimonio de la Humanidad con la consiguiente inscripción de los primeros bienes, tanto naturales como culturales. Ya en 1992 se añadió una catalogación nueva, la de bien mixto o paisaje cultural para definir la interacción entre hombre y entorno.

Las Islas Galápagos, el bien número 1 del listado de Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. FOTO: ISTOCK

CRITERIOS ÚNICOS

Aquí está el quid de la cuestión y el punto que genera más debates. Y es que la propia UNESCO es un tanto difusa dando explicaciones. Grosso Modo, todo bien cultural que aspire a formar parte de este listado tiene que cumplir alguno de estos requisitos.

  1. Tiene que ser una representación de la genialidad creativa del ser humano.
  2. Dar fe de un importante intercambio de valores y conocimientos humanos a lo largo de un periodo de tiempo o dentro de una región cultural del mundo, en el desarrollo de la arquitectura, tecnología, artes monumentales o el urbanismo.
  3. Aportar un testimonio único o, por lo menos, excepcional; de una tradición cultural o de una civilización existente o ya desaparecida.
  4. Ser un edificio o un paisaje que sea ejemplo de una etapa significativa de la historia humana.
  5. Ejercer de ejemplo relevante de una tradición de asentamiento humano, utilización del mar o de la tierra, que sea representativa de una o varias culturas o de la interacción humana con el entorno. Sobre todo, cuando sea vulnerable frente al impacto de cambios irreversibles.
  6. Estar directa o tangiblemente asociado con tradiciones o acontecimientos vivos, con ideas, con creencias, con trabajos artísticos y literarios de destacada significación universal. En este caso, el comité valora que cumpla, también, con algún otro criterio.

En la última sesión de este año se reconoció una serie de edificios firmados por Frank Lloyd Wright, reconociendo así la producción creativa de un arquitecto. 

En la última sesión de este año se reconoció una serie de edificios firmados por Frank Lloyd Wright, reconociendo así la producción creativa de un arquitecto.

En el caso de los naturales, las exigencias son:

  1. Albergar fenómenos naturales muy relevantes o áreas de excepcional belleza natural.
  2. Ser testigo de alguna etapa de la historia de la tierra, ya sean procesos geológicos o testimonios de vida.
  3. Ejemplificar un proceso ecológico y biológico fundamental en el curso de la evolución de los ecosistemas.
  4. Acoger los hábitats naturales más importantes y representativos para la conservación de la biodiversidad, incluyendo aquellos que contienen especies amenazadas.

BENEFICIOS Y OBLIGACIONES

Eso sí, formar parte de este listado tiene, también, sus obligaciones. Entre ellas, preservar el monumento y/o paisaje en cuestión, promoviendo leyes que lo protejan de cualquier amenaza e informando a la UNESCO de toda actuación interna o externa que pueda dañar su valor. Por contra, también cuenta con beneficios más allá del reconocimiento internacional. Entre ellos, la ayuda en caso de cualquier riesgo e, incluso, la aportación económica para cualquier obra de preservación y/o de restauración.

La Alhambra de Granada, el primer monumento español en ser inscrito.
PHOTO BY HARI NANDAKUMAR ON UNSPLASH

EVOLUCIÓN DE GUSTOS

Es lógico que cada año el número de bienes aumente y que el balance con aquellos que salen de la lista (por estar amenazados o por no haber sido preservados) sea siempre positivo. En cualquier caso, en los últimos años la UNESCO ha ido apostando por tipologías de bienes que se escapan de los valores clásicos de patrimonio y naturaleza. Ejemplo de ello es la entrada de yacimientos arqueológicos que, sobre todo el último año, ha protagonizado las diferentes sesiones. Otro ejemplo de ello son las regiones vitivinícolas o las áreas industriales que, tras el cierre de los altos hornos, se han convertido en espacios culturales y arquitectónicos relevantes.

UN LARGO PROCESO

Aunque parezca sencillo, cada vez es más difícil para los países con mucha riqueza natural y cultural inscribir cualquier bien en este Olimpo. El proceso, sea el país que sea, suele empezar con una primera criba de expertos locales que evalúan y eligen solo a los lugares y monumentos que cumplen con los requisitos y merecen este reconocimiento. Estos elegidos entran dentro de la lista tentativa o provisional y sus expedientes son revisados por dos comités dependiendo si se trata de un bien cultural o si es natural, el Consejo Internacional de Monumentos y Sitios y la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza. Y, tras esta auditoría, pasa al Comité del Patrimonio de la Humanidad que, anualmente, selecciona a los elegidos.

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