El terremoto de Japón pudo haber tenido consecuencias mucho más graves, pero la ciencia lo impidió

Un experto en prevención de desastres señala las claves que permitieron al país enfrentarse a este tipo de catástrofes durante siglos.


El primer día de 2024, un terremoto de magnitud 7,5 sacudió Japón, matando a decenas de personas y destruyendo miles de hogares. Esta no es la primera vez que el país se enfrenta a un desastre de este tipo: Japón ha sido golpeado por muchos terremotos poderosos, incluido uno de magnitud 9,0 en 2011, y fue responsable del accidente en la central nuclear de Fukushima. Pese a ello las consecuencias podrían haber sido mayores. ¿Qué evitó esto? La ciencia.

Sorprendentemente, el número de muertos por terremotos en Japón sigue siendo relativamente bajo gracias a los métodos de preparación y recuperación ante desastres del país, señala Daniel Aldrich, profesor de la Universidad Northeastern.

«Uno de mis estudios favoritos que hice fue observar las tasas de mortalidad por terremotos y compararlas con cuánto gastan los gobiernos en prevención – explica Aldrich en un comunicado -. Y la conclusión es que existe una correlación muy, muy, muy alta. Países como Japón gastan mucho más dinero en mantener a la gente segura… y normalmente están mejor preparados».

Los terremotos de mayor magnitud produjeron mayores cifras de muertes en países donde los gobiernos no cuentan con tantos de estos mecanismos. Por ejemplo, el de magnitud de 7,8 que se experimentó el año pasado en Siria y Turquía tuvo un saldo de 41.000 muertos. Un terremoto de magnitud 7,6 en Pakistán en 2005 mató al menos a 86.000 personas. Pero el terremoto de Japón de 2011, de una magnitud mucho mayor, mató a unas 20.000 personas, una fracción de estos otros desastres.

Japón ha conseguido esto, añade Aldrich, integrando la preparación para terremotos en la cultura cotidiana. Los estudiantes en Japón realizan simulacros de terremoto, del mismo modo que las escuelas en Estados Unidos realizan simulacros de incendio.

Aldrich describió el enfoque de Japón en materia de preparación para desastres como doble. Por un lado, hay un elemento de arriba hacia abajo, es decir, iniciativas que provienen del gobierno antes, durante y después de un desastre. Esto incluye simulacros y capacitación en casos de desastre, construir edificios con señales de salida para evacuaciones e instalar sistemas de alerta de terremotos (que pueden avisar a las personas de un terremoto 30 segundos antes de que ocurra) y capacitar al personal de atención inmediata para enfrentar este tipo de crisis.

Esto contribuye a un enfoque secundario y ascendente ante los desastres, lo que significa que la persona promedio también está equipada para responder en estas situaciones: los habitantes de Japón saben cómo prepararse para un terremoto y reaccionar cuando ocurre.

Parte de este trabajo de prevención también tiene que ver con cómo se construyen los edificios. Durante los últimos 60 años aproximadamente, Japón construyó edificios con cimientos diseñados para balancearse en lugar de romperse. Aldrich experimentó esto de primera mano cuando se encontraba en el piso 17 de un edificio japonés durante un gran terremoto hace unos años.

«Todo el edificio se balanceó hacia adelante y hacia atrás, pero ni un solo panel de vidrio se rompió – afirma este experto -. Ninguno de los paneles de escayola se rompió. Todo el edificio fue construido para flexionarse. Esa es en gran medida una tecnología moderna… Desafortunadamente, los edificios más antiguos tienden a romperse sus cimientos porque son muy rígidos».

Esta es parte de la razón por la que las víctimas durante un desastre no se pueden prevenir por completo: muchas de ellas están cerca de edificios antiguos y estos son los que provocan los daños en la población.

«Reducir las víctimas a cero sería fantástico – concluye Aldrich-. Pero probablemente eso no va a pasar. No se pueden modernizar todos los edificios. … Pero creo que este es un momento para que reflexionemos sobre qué podemos hacer mejor».

elmundoalinstante.com

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