Entre Cielo y Tierra: “Competitividad de los Destinos Turísticos en tiempos de Pandemia”

El concepto de Competitividad es un tanto complejo, sin embargo, diferentes autores coinciden en que se trata de una capacidad para competir que puede tener en mayor o menor grado una empresa, un país, una entidad sin fines de lucro, un producto, un destino turístico, e incluso una persona. El ser competitivo puede verse también como una aptitud positiva en el caso de una persona, o como el conjunto de factores positivos, en el caso de empresas, países, entidades o productos, que les permite entrar y/o mantenerse en un mercado. Puede ser que unos u otros presenten ventajas comparativas o competitivas, que les permita apalancar más esa capacidad para competir.


La complejidad de esa capacidad para competir está en el hecho de que la misma depende de varios factores que afectan de forma diferente a cada uno de los que aspira tenerla. Por ejemplo, una empresa que desee entrar en un mercado internacional con productos de consumo masivo debe tener capacidad de producción u oferta suficiente para poder satisfacer los eventuales pedidos que pudieran demandarle. La productividad, es decir, la capacidad de producción por unidad de trabajo, o rendimiento, según algunos autores, es otro factor que afecta a la competitividad, ya que las empresas con bajos índices de productividad normalmente manejan costos más altos y estos pueden afectar los precios del producto, y el precio es también un importante factor condicionante de la capacidad para competir. Si la empresa compite con servicios, la calidad de servicio también será un factor importante.

En cuanto a las ventajas comparativas o competitivas, las primeras se refieren a las ventajas absolutas o relativas de un país, empresa o persona de producir o fabricar ciertos productos utilizando eficientemente sus recursos; también se refiere, en el caso de los países, a las ventajas que se desprenden de su ubicación geográfica, la cantidad y calidad de recursos naturales que poseen, y la tecnología que manejan. Un país petrolero rico en hidrocarburos livianos, en condiciones normales de explotación y transporte, tendrá una ventaja en comparación con aquellos que mayormente producen hidrocarburos pesados. Los países que poseen excelentes y diversos recursos naturales para la recreación y el turismo, poseen una ventaja comparativa en lo que respecta a esa actividad. Las ventajas competitivas, por su parte, están fundamentalmente referidas al mejor desempeño de las empresas al fabricar determinados productos, lo cual se refleja en menor precio y/o mayor calidad; aquí es muy importante determinar que esa ventaja no sea consecuencia de un subsidio o incentivo otorgado por el gobierno, ya que la ventaja competitiva sería artificial.

Enfocando el tema hacia los destinos turísticos, lo primero en considerar, es que estos de por si constituyen un producto turístico, bien producto-país, producto-destino, y contienen necesariamente, cantidad de productos-servicio. El destino turístico país, para ser competitivo debe trabajar muy duro con el factor calidad, que incluye la calidad ambiental, calidad de los servicios públicos, y calidad de productos y servicios turísticos. El factor precios jugará un papel muy importante si la oferta del producto-país es muy similar a la de la competencia en el área o región de referencia (Ej. El Caribe), y estos deberían estar relacionados con el factor productividad que afecta a las empresas que en su conjunto representan la oferta de productos-servicios que exhibe el país. Por el contrario, cuando los productos ofrecidos son exclusivos o escasos, los altos precios no afectarán para nada la competitividad. La capacidad de producción suficiente será un factor muy importante si los esfuerzos de mercadeo del destino están orientados a captar nuevos e importantes mercados que, deconvertirse en demanda efectiva, podrían saturar rápidamente la oferta existente creando una decepción para todos los que se motivaron y no pudieron conseguir alojamiento (agencias de turismo y visitantes). Es decir, un destino con escasa capacidad receptiva no será competitivo para atraer grandes contingentes de demanda porque se saturará con poco volumen de visitantes.

La pandemia está ocasionando ciertos cambios en los patrones de la capacidad para competir, ya que al convertirse esta en una situación duradera que ha generado una dislocación de la demanda turística internacional e interna, es necesario que los destinos exhiban elementos adicionales relativos al control sanitario y protocolos de prevención en todos y cada uno de los establecimientos receptivos (alojamiento) y para-receptivos a través de los cuales los visitantes tengan que transitar o transportarse (terminales de pasajeros y vehículos), o sean utilizados para fines recreativos (bares, restaurantes, discotecas, balnearios, museos, comercios, etc.). Serán entonces más competitivos aquellos destinos que brinden mayor confianza a los visitantes en función de la organización que posean para minimizar los riesgos que para aquellos representa el visitar un país, o un destino turístico en su interior, sabiendo que una enfermedad contagiosa está conviviendo con toda la población residente o flotante. Lo anteriormente señalado ya ha impulsado a líneas aéreas, empresas de cruceros, cadenas hoteleras, aeropuertos, y otros prestadores de servicios turísticos, a obtener nuevas y diversas certificaciones sanitarias internacionales que permitan demostrar a los visitantes que las condiciones sanitarias son óptimas, que se manejan protocolos adicionales que complementan y mejoran a los recomendados por las autoridades para evitar el contagio de los clientes, y que existe una capacidad de prevención y de respuesta superior a la considerada obligatoria o estándar.

Hay que puntualizar que la competitividad de un destino turístico es una condición que solo se puede mantener con el concurso del sector público y privado, porque varios factores como los de calidad de servicios públicos y del ambiente dependen en mayor medida de las autoridades municipales, regionales o nacionales. También depende, en buena medida, del sector público, lo relacionado al control sanitario y respuesta a las emergencias por la pandemia.

En la medida que han comenzado a levantarse las restricciones de movilización, los destinos turísticos han iniciado la dura tarea de recuperar buena parte de la demanda perdida y esto sólo será posible exhibiendo su nueva capacidad para competir en tiempos de pandemia.

Willian J. Bracho
Abogado, MSc. Gestión del Turismo Sostenible
Especialista en Derecho de la Navegación
willianbracho@estrategaconsulting.net
Instagram: @Estratega_Consultores_wb

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