Entre Cielo y Tierra: “Impacto de los derrames petroleros en el estado Falcón”

La contaminación del ambiente tiene múltiples formas de manifestarse, quizás la mas perversa de todas es la causada por hidrocarburos. Los derrames de petróleo o sus derivados son susceptibles de ocurrir debido a fugas por mal funcionamiento de refinerías, depósitos de hidrocarburos u oleoductos; también la colisión de buques, donde uno de ellos no cumple con la regulación de la Organización Marítima Internacional (OMI-IMO), que impone la necesidad de doble casco precisamente para evitar la fuga de los contenidos transportados, bien químicos o hidrocarburos, contaminando el aérea donde transitan o atracan.


Algunos derrames han sido extremadamente desastrosos, por ejemplo, el caso del tanquero Exxon Valdez acaecido en marzo de 1989 en la costa de Prince William, Alaska, EEUU, causó daños como ningún evento precedente, y trajo, entre otras consecuencias, que los Estados Unidos de América promulgaran una ley especial denominada Oil Pollution Act que estableció los lineamientos y sanciones para evitar y mitigar dichas tragedias y sus efectos; otro derrame más reciente, esta vez ocurrido en la plataforma petrolera Deepwater Horizon, en el Golfo de México en 2010, afectó tanto a costas mexicanas como americanas. El Río Catatumbo y el Lago de Maracaibo han sido afectados en varias ocasiones debido a la voladura de secciones de oleoductos colombianos que causaron importantes fugas de petróleo.

En los años setenta, dada la preocupación internacional debido a los continuos casos de contaminación ambiental vinculados al transporte marítimo, se promovió el Convenio MARPOL, el cual fue aprobado inicialmente en 1973, pero entró en vigor 1983, previa una modificación en 1978 (Protocolo de 1978). El Anexo I de dicho convenio trata expresamente el tema de los derrames petroleros (Reglas para prevenir la contaminación de hidrocarburos). El Anexo IV aborda el tema de la contaminación debido a las aguas sucias de los buques, y el Anexo V el de la contaminación debido a la basura que generan los buques.

En Venezuela, la Ley Orgánica del Ambiente promulgada en 1976 y modificada en el año 2006, y la Ley Penal del Ambiente del año 1992, y modificada el año 2012; regulan y establecen sanciones para los diferentes casos de contaminación ambiental, incluyendo los provenientes de los derrames petroleros.

Recientemente las costas del estado Falcón, incluyendo varias áreas del Parque Nacional Morrocoy, han venido siendo afectadas por un derrame petrolero ocurrido en la Refinería el Palito ubicada en ese mismo estado; las fotos y relatos publicados dan fe de la magnitud de la tragedia ambiental. Lamentablemente, no se observan las urgentes medidas que deberían haberse tomado para mitigar el daño y evitar su propagación, y no se conoce todavía quien acometerá la parte más compleja que es la correspondiente a la limpieza de las áreas afectadas, la restauración del paisaje, la recuperación de los ecosistemas, así como el resarcimiento económico a las personas y comunidades que han resultado perjudicadas en sus actividades de pesca, turismo y recreación, como también en otras actividades productivas en las orillas del mar. Ese resarcimiento económico puede tardar años porque no es solo pagar por la pérdida actual de ingresos, sino por la ausencia de estos mientras no se haya recuperado el ambiente. Como ejemplo podemos tomar el caso de los prestadores de servicios turísticos, que obtienen su sustento del consumo que hacen los visitantes del Parque Nacional Morrocoy y de otras bellas playas de Falcón, motivados precisamente por la limpieza y belleza de dichas aguas; también es el caso de los pescadores artesanales de la región, cuyas redes, guarales, carnadas y otros útiles de pesca seguirán embadurnándose de petróleo cada vez que salgan a su faena. Además, toda la cadena de venta de bienes y servicios que se beneficia de la derrama de la actividad turística también se verá seriamente afectada al disminuir severamente la llegada de visitantes, demanda esta que ya estaba menguada por los efectos de la pandemia china, la cuarentena para evitarla, y las restricciones de viajes impuestas por las autoridades, amén de la escasez de combustible.

El Parque Nacional Morrocoy es uno de los más emblemáticos del país, sus prístinas aguas han atraído por décadas a visitantes nacionales y extranjeros, razón por la cual, alrededor del eje Tucacas-Chichiriviche se han creado una gran cantidad de establecimientos hoteleros formales e informales, así como fuentes de soda, restaurantes, supermercados, bares, licorerías, y otros tipos de tiendas comerciales, dependientes todas de la actividad turística de la zona. Es una lástima que dicho parque esté sufriendo las consecuencias del antes mencionado derrame petrolero, y es una irresponsabilidad de la empresa presuntamente causante del problema y de los organismos competentes, no instrumentar un plan de emergencia para frenar los daños ambientales al mismo. Dada la experticia desarrollada en otros países que han sufrido las consecuencias de la contaminación por hidrocarburos, es posible disponer de tecnología y equipos para mitigar los daños causados, pero las medidas no pueden esperar porque el daño será cada vez mayor.

La principal oferta turística de Venezuela son sus recursos naturales y de su conservación depende que en un futuro cercano podamos relanzar la actividad recreativa y turística para convertirla en un pilar fundamental de su economía.

Willian J. Bracho
Abogado, MSc. Gestión del Turismo Sostenible
Especialista en Derecho de la Navegación
wjbracho@yahoo.com; willianbracho@estrategaconsulting.net
Instagram: @Estratega_Consultores_wb

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