Nuestra Señora de Candelaria

La Virgen de la Candelaria o Nuestra Señora de Candelaria, es una advocación mariana originaria de Tenerife. Su etimología deriva de candelero o candela referida a la santa luz que guía hacia el buen camino y la redención que aviva la fe en Dios. Su festividad es celebrada el 2 de febrero, en recuerdo a la presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén. La Virgen de la Candelaria es, en su lugar de origen, patrona de las Islas Canarias, se la clasifica como Virgen negra; su devoción tiene mucho arraigo en España, Bolivia, Colombia, Cuba, México, Perú, Venezuela, entre otros.


Vasallos de La Candelaria

Cuenta la leyenda que hace algún tiempo, una señora natural del caserío Zumba, La Parroquia, Mérida, encontró en el suelo de su casa una tabla dibujada con la Virgen de La Candelaria y unos danceros. La guardó en el cuarto de los santos de su casa; pero cada vez que barría encontraba la estampa en el suelo, motivo por el cual la llevó al cura párroco, quien al darse cuenta que era la imagen de la virgen de La Candelaria, la colocó en sitio de preferencia en el templo. Al cuarto día, la estampa no estaba en el puesto destinado, y su sorpresa fue mayor cuando la señora, de quien hablamos, le presentó la efigie y le confesó haberla encontrado nuevamente en su vivienda. El sacerdote, admirado ante el misterio, comprendió el deseo de la aparecida; se dirigió a la casa del encanto, bendijo el sitio y ofreció a la Virgen de La Candelaria organizar, todos los años, un grupo que representaran la danza que figuraba en aquel trozo de madera, siempre que ella permaneciera en la iglesia. Por ello, los vasallos danzan ante la puerta del templo de La Parroquia, donde se halla la milagrosa imagen.

Esta devoción popular también es conocida como “Danza de La Candelaria”, Danza de los Vasallos”, “Moros de La Candelaria”, “Negritos de La Candelaria”, “Danceros de La Candelaria” y “Baile de La Candelaria”.

Desde el 27 de enero hasta la víspera del día de la fiesta, los vasallos ejecutan ejercicios de la danza, sin lucir vestidos especiales. El 2 de febrero, ostentan con todo esplendor pantalones cortos de varios colores, chaquetas con bordados llamativos, fajas gruesas de tela y capas de seda adornadas con lentejuelas, bandas cuyas puntas se extienden hasta las rodillas, medias largo de mujer. El capitán se distingue por su traje de tela floreada de diferentes colores, sombrero muy adornado. El 3 de febrero efectúan el “entierro del gallo”, que consiste en colocar un gallo en un hueco, el cual es tapado con una piedra plana sobre la cual riegan brasas; a un vasallo se le vendan los ojos, y asesorado por un compañero sacará el ave sin quemarse las manos. Quien logre realizar la suerte, será dueño del gallo.  

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