El sargazo: Un problema con consecuencias económicas en el Caribe y en España

A pesar de lo paradisiacas que puedan ser las playas del caribe, una amenaza en forma de alga las está poniendo en peligro, cada año más y más, debido a la crisis climática


Por Eva González

Un ansiado retiro vacacional tras un intenso año de trabajo y pandemia, un vuelo de nueve horas para alcanzar una paradisiaca playa con palmeras en un hotel fantástico en algún lugar del Caribe, pero, al llegar, el agua no es turquesa, la arena no es blanca y no se respira el exótico olor a coco y plantas tropicales. Mala suerte, las vacaciones han coincidido con una entrada de sargazo, un alga que puede provocar un verdadero desastre ambiental, además de suponer un riesgo y coste futuro para el sector turístico de los países del Caribe, donde no pocas empresas hoteleras españolas tienen intereses económicos.

La existencia del sargazo es tan antigua como los viajes de Cristóbal Colón, cuando ya se documentó su existencia en una zona del Atlántico Norte a la que se bautizó como el mar de los Sargazos. Pero desde 2011 empezó a proliferar más de la cuenta y desde allí se extendió al oeste y al sur y para afectar en particular a las paradisiacas playas mexicanas.

Las mareas de sargazo ponen en riesgo la economía turística de la costa de México

El problema se agudizó en 2018 y 2019, cuando el crecimiento fue exponencial. El representante de los hoteleros del estado de Quintana Roo, Carlos Gosselin, señaló que en el verano de 2018 llegaron a esta zona de la Riviera Maya unos 24 millones de metros cúbicos del alga, una cantidad suficiente para llenar 9.600 piscinas olímpicas.

Los bancos marrones cuya presencia era conocida en el mar de los Sargazos han dado paso en los últimos 10 años a macromasas de esta especie, durante más tiempo y mayor extensión. Aunque aún se está estudiando este inusual incremento, los científicos estiman que en parte se debe al cambio climático causado por el hombre y en particular a un aumento de la fertilización del agua por causas humanas o bien naturales, como las excreciones de peces e invertebrados, por afloramientos y fijación de nitrógeno.

Las masas de ‘Sargassum fluitans’ y ‘Sargassum natans’ van flotando y desplazándose en la superficie del mar porque desarrollan burbujas con gases. A medida que van creciendo se van enlazando unas con otras hasta convertirse en tupidos mantos que llegan a medir un metro de espesor y, cuando llegan a la orilla, es casi imposible atravesarlos para bañarse una vez pasada la barrera.

Sargazo gigante flotando en las costas atlánticas de Argentina. (Flickr)

Estas ingentes cantidades de sargazo empiezan a pudrirse y generan un pestilente olor al depositarse en la arena, lo cual tampoco invita a estar en la playa bajo la palapa. La repercusión ambiental de esta inusual proliferación se traduce, por ejemplo, en dificultades para que las tortugas salgan a las playas a depositar sus huevos y, posteriormente, sus crías tienen una mayor mortandad, al tener en sus primeros momentos de vida enormes problemas para encontrar la salida al mar.

Por otro lado, genera eutrofización del mar, restando oxígeno a peces, plantas, esponjas y corales y, de hecho, ya se han documentado varios episodios de blanqueamiento de coral, motivados por el sargazo. La cuestión es mayúscula para la barrera de arrecife mesoamericana, la segunda más grande del mundo y que transcurre por aguas de México, Belice, Guatemala y Honduras. Allí provoca el conocido como síndrome blanco, que mata a los organismos debido a que, al morir, el sargazo libera azufre y ácido sulfhídrico que daña el carbonato cálcico de los corales, al tiempo que acidifica el agua. La temporada cada vez dura más meses.

Un estudio científico, ‘El gran cinturón de sargazo del Atlántico’, publicado en la revista ‘Science’ en julio de 2019, ha detectado durante los últimos años que emergen grandes aportaciones desde latitudes muy lejanas, como el golfo de Guinea, hasta las costas de las Antillas y la desembocadura del Amazonas. En 2019, la gran mancha de sargazo llegó a medir 8.850 kilómetros y su masa se estimó en 20 millones de toneladas métricas de biomasa vegetal.

Aunque la anomalía térmica podría influir, los expertos apuntan que el factor fundamental en su vertiginoso aumento es la fertilización con nutrientes como el fósforo y el nitrógeno y los investigadores están analizando su posible vinculación con la deforestación del Amazonas y la intensificación agrícola.

En la misma línea, otro estudio más reciente, publicado en mayo de este mismo año en ‘Nature Communications’ refleja que los investigadores del Instituto Oceanográfico Harbor Branch de la Florida Atlantic University han descubierto cambios “dramáticos” en la química y la composición del trabajo, que están transformando este organismo vivo en “poblador de una zona muerta tóxica”.

“Los datos de nuestro estudio respaldan no solo un papel principal para la limitación de la productividad del fósforo, sino que también sugieren que el papel del fósforo como un nutriente limitante se está fortaleciendo por los aumentos relativamente grandes en el suministro de nitrógeno ambiental de la escorrentía terrestre, las entradas atmosféricas y posiblemente otras fuentes naturales como la fijación de nitrógeno”, manifestó el autor principal Brian Laponte, profesor de investigación de la FAU Harbor Branch y experto en sargazo.

Sargazo en Cancún. (EFE)

Así, alerta de que, a consecuencia de las emisiones antropogénicas (de origen humano) de óxidos de nitrógeno (NOx), la tasa de deposición de NOx es aproximadamente cinco veces mayor que la de la época preindustrial, en gran parte debido a la producción de energía y la quema de biomasa.

En concreto, apunta que la producción de nitrógeno fertilizante sintético se ha multiplicado por nueve, mientras que la de fosfato se ha triplicado desde la década de 1980, lo que contribuye a un aumento global de las proporciones nitrógeno-fósforo. En ese sentido, recuerda que el 85% de todos los fertilizantes nitrogenados sintéticos se han creado desde 1985, poco después de que comenzara el muestreo de referencia de sargazo en Looe Key en 1983.

De hecho, Laponte añade que el nuevo gran cinturón de sargazo del Atlántico puede estar siendo apoyado por aportaciones de nitrógeno y fósforo de distintas fuentes, algunas incluso procedentes de los ríos Congo, Amazonas o Misisipi o afloramientos frente a la costa de África, el polvo sahariano y la quema de biomasa en África central y del Sur.

Efectos económicos

De momento no hay estudios concluyentes que puedan determinar un posible descenso del turismo a consecuencia de esta cuestión, pero la preocupación es latente en los países del entorno. Tanto es así que incluso en 2019 se organizó en Cancún (Quintana Roo, México) un ‘Encuentro de Alto Nivel para la atención del sargazo en el Gran Caribe’ al que asistieron representantes de 13 países de la zona y se comprometieron a adoptar 26 medidas para frenar su avance.

Aunque el sector turístico trata de minimizar el posible impacto, lo cierto es que el sargazo empieza a contar en el análisis de riesgos futuros, puesto que este sector aporta a México el 8,7 por ciento de su PIB.

De hecho, un documento de trabajo de BBVA Research de 2020 denominado ‘El riesgo del sargazo para la economía y turismo de Quintana Roo y México’ ha valorado si el descenso registrado en los hoteles de la Riviera Maya en 2019 respecto al año anterior pudo tener que ver con la ‘marea’ de sargazo.

El trabajo concluye que la llegada de sargazo a las playas ha generado “mucha polémica” por sus posibles efectos económicos y refleja que, mientras que para el Gobierno de López Obrador se trata de un tema “menor”, el estado de Quintana Roo y el sector privado consideran que se trata de “una problemática de gran trascendencia, con altos costes y pérdidas económicas”.

Si bien concluye que de momento las variables económicas y el ‘big data’ no apoyan la hipótesis de una “grave” afectación al sector turístico durante 2019, sí califica de “anomalía” del gran cinturón de sargazo del Atlántico que “parece que será permanente”. Por ello, BBVA en su informe observa a los gobiernos federal, estatal y local y el sector privado que “deben tener preparados los planes, acciones y recursos” para hacer frente al sargazo en años subsecuentes. La recomendación es extensible no solo para México, sino para los países del Gran Caribe.

El Confidencial

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