Seis secretos para ser azafatas que nadie te cuenta

Es obvio que todos dependemos en un vuelo, y mucho, de las tripulantes de cabina de pasajeros (TCP). Sepa por qué


Los Tripulantes de Cabina de Pasajeros (TCP), también conocidas como asistentes de vuelo, azafatas, auxiliares de vuelo o aeromozas, en su mayoría mujeres (aunque hay también un porcentaje menor de hombres), son las profesionales responsables de la cabina de pasajeros de un avión pero que frecuentemente son confundidas por los pasajeros como camareras, mayordomas o personal de servicio de las aeronaves.

Las TCP son unas profesionales con un alto nivel de preparación en múltiples disciplinas que garantizan el perfecto desarrollo de un vuelo, desde que se inicia hasta el aterrizaje, a partir de múltiples y generalmente difíciles cometidos que aquí vamos a resumir en seis. 

1. La función prioritaria a bordo

Las TCP son principalmente las auténticas auxiliares de vuelo que asisten al capitán y ayudan a administrar la cabina del avión. Son una autoridad en ellas mismas y están obligadas a solucionar cualquier problema y a actuar sin vacilaciones y siempre detrás de una sonrisa que a muchas profesionales les cuesta de mantener frente a la enorme tipología de problemas que suscita una travesía aérea.

2. Modo scánner

Las azafatas evalúan a todos los pasajeros en el mismo momento en que entran en el aparato, mientras reparten una sonriente bienvenida. Ellas controlan que quien acceda al avión lo haga en las mejores condiciones que garanticen un vuelo tranquilo, cómodo y sobretodo una buena evacuación en caso de emergencia.

Se controla la edad, los problemas de movilidad, el exceso de equipaje, la suciedad o los olores, los defectos físicos, el peso, la pobreza de idiomas, y sobretodo si el pasajero está borracho, drogado, alterado o viene con una enfermedad que pueda dar problemas o ser contagiosa y, finalmente, la posibilidad de ser un delincuente o terrorista. En este sentido las TCP tienen la prerrogativa legal de negar rotundamente el acceso al avión.

3. Velar por la seguridad y ante situaciones de emergencia

Una azafata instruyendo cómo colocarse la máscara de respiración. Foto: C.Aerospace​

En todo momento, las azafatas controlan la seguridad del vuelo, los comportamientos anómalos o excesivos, las discusiones entre los pasajeros, las muy frecuentes prácticas de sexo en vuelos largos, y no tan largos, las subidas de tono, la rebeldía ante las indicaciones de seguridad como cerrar la mesilla, verticalizar el asiento, llevar cinturón, no utilizar aparatos electrónicos en despegues y aterrizajes, obstaculizar las vías de evacuación, etc.

Para eso, cuentan con sus propios conocimientos psicológicos pero también han memorizado a los pasajeros que, por sus condiciones físicas, las pueden ayudar en un momento dado a contener las reacciones imprevistas de otros. 

Ante las situaciones de emergencia deben saber contener sus nervios, aplicar los protocolos con sangre fría y actuar con rapidez en convertirse en auténticos “ángeles de la guarda” para conseguir evacuar un avión siniestrado tipo medio, en menos de 90 segundos, organizando la seguridad y el rescate posterior.

Finalmente, las azafatas son las ejecutoras de la autoridad policíaco-legal absoluta del comandante de vuelo y, para ello, en muchas compañías las han dotado, además, de preparación en defensa personal con armas electroshocker para inmovilizar a los pasajeros molestos o peligrosos.

4. Preparación previa

Escuela de azafatas. Foto: Air Hostess Málaga

Cada vez se les exige más conocimientos a los aspirantes a TCP: rapidez en solucionar problemas, agilidad mental, defensa personal, idiomas, psicología, actuaciones ante emergencias, supervivencia, incendios, sanitarios, primeros auxilios, etc. Las compañías priman los títulos universitarios de psicología, comunicación, sociología, relaciones públicas, preparación sanitaria, etc, que pueden presentar las aspirantes a ocupar un cargo a bordo.

5. Condiciones personales

Varios azafatos dirigiéndose a un vuelo. Foto: Emirates

Cada compañía tiene sus reglas y sus normas de acceso para el personal TCP, pero en general se admite a personas de entre 21 y 32 años sin experiencia previa en vuelo y hasta 35 con experiencia. La azafata, además de sus estudios preparatorios, conocimientos técnicos, de relación con la gente y de los diversos protocolos de vuelo, es sometida a multiplicidad de pruebas que garanticen su estabilidad emocional y mental, su resistencia física, su perfecta salud y su control de la fatiga, lo cual implica pruebas gimnásticas y de natación, como recorrer 100 metros en un tiempo mínimo.

En cuanto al salario, al menos en España, no es tan alto como se le supone. La media se encuentra entre los 1.200€ y los 1.900€, netos, por 30 horas de trabajo semanal. Además, las azafatas no cobran absolutamente nada ante las incidencias extrordinarias como los retrasos o los tiempos de espera, que torturan a cualquier pasajero, pero que ellas también sufren.

6. Emergencias médicas

Este es un capítulo muy especial de la preparación y de la exigencia de las TCP. Ante cualquier problema de salud, las azafatas han de requerir inmediatamente la presencia de un médico o de personal sanitario a bordo, y asistirle en sus acciones. Si no es así, las azafatas han de saber actuar a partir de sus conocimientos previos sobre tratamiento de pequeñas heridas, identificación de los síntomas de las enfermedades más comunes, primeros auxilios, mareos, desmayos, reanimación cardiovascular, reanimación pulmonar y tratamiento de partos.

Una vez conocidos estos seis secretos de las azafatas, ¿a que no nos parecen un personal que ejerce una actividad tan trivial?. Es obvio que todos dependemos y mucho de las TCP en un vuelo y por tanto es una estupidez faltarles al respeto. En cualquier caso también son humanas, tienen sus supersticiones y jamás, jamás, se les debe de pedir una cola light y sobretodo un juego de costura para coser un botón o un agujero, antes o durante un vuelo.   

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