El turismo se convierte en el negocio del siglo

No está volviendo a la normalidad sino a una situación de más crecimiento que nunca, convirtiéndose en una actividad que en el futuro se va a llevar una cuota de PIB bastante más alta que hasta ahora
Un país, un empresario, una economía han de apostar por actividades de éxito.


El turismo siempre fue una de ellas, aunque frecuentemente cuestionado. Para algunos países y regiones carentes de industrias, de recursos naturales o de enseñanza de calidad, podría ser el único negocio viable. Más o menos así ha funcionado durante muchos años, desde mediados del siglo pasado.

A comienzos de este siglo hubo en el mundo varias crisis económicas, algunas relacionadas con el petróleo, otras con graves huelgas, otras con guerras, y el turismo siempre sobrevivió intacto. Otros negocios, no tanto. Hubo una lección: la resistencia de este sector a las crisis era más alta de lo que se pensaba de un consumo suntuario, de lujo si se quiere, que no integra la canasta básica.

Ahora llegó el Covid que fue demoledor para el turismo. Seguramente fue uno de los negocios más afectados.

Pero también llegó el posCovid. En contra de lo que dijeron muchos analistas, el mundo ha vuelto a la normalidad desesperado por viajar. No como antes, sino mucho más. No sólo para recuperar estos tres años, sino para saciarse.

Los datos son demoledores: los precios de los viajes en avión están subiendo más del 20 por ciento y la demanda sigue disparada. Hay países en los que hay lleno total casi permanente. España, en este sentido, se beneficia como nadie. Pero igual está el Caribe. Incluso China, que ha tardado en despertar, parece que vuelve a viajar como si no hubiera un mañana. No hay hotel que no vaya disparado.

El turismo no está volviendo a la normalidad sino a una situación de más crecimiento que nunca, convirtiéndose en una actividad que en el futuro evidentemente se va a llevar una cuota de PIB bastante más alta que hasta ahora. Esto no es resiliencia, esto es reposicionamiento, como producto imprescindible en el mundo contemporáneo. Una realidad que hemos de aprender a asimilar.

Todo fantástico para los trabajadores y empresarios, aunque un poco más dudoso para el medio ambiente.

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