Sayulita: el paraíso relajado y chic del México más desconocido

Asomado al Pacífico, en la Riviera Nayarit, este pueblo de colores y ambiente bohemio es una de las mecas internacionales del surf (pero hay mucho más)


Flanqueado por dos océanos, pensar que en México las playas de empiezan y acaban en el Caribe no solo no es cierto sino que, además, puede llevarnos a perdernos algunas de las joyas nacionales como Sayulita, en la Riviera Nayarit, un destino que atrae a artistas, surferos y amantes de todo lo bueno de la vida.

A 46 km de Puerto Vallarta, en el estado de Jalisco, esta localidad huye de la ostentación de Punta Mita, donde se instalan los más exclusivos resorts de Four Seasons o St Regis que atraen a hordas de millonarios y celebrities que van desde Bill Gates a Gwyneth Patrow pasando por el clan Kardashian.

Lo suyo es el ambiente relajado y bohemio, las banderolas de colores y las tablas de surf, el buen rollo y la comida deliciosa, pero cuenta también con una energía especial, con muchos de sus artesanos inspirados por el universo mágico de la cultura wixárika o huichol y su exótica cosmovisión.

En resumen, un pequeño paraíso en el que, además, se puede ver ballenas jorobadas, liberar tortugas, practicar paddleboard, bañarse en aguas turquesas, visitar galerías y volverse loco comprando moda y joyitas artesanas, alojarse en un hotel boutique, probar vinos y mezcales de todo el país o devorar los mejores tacos frente al mar.

Un pueblo mágico

Catalogado como pueblo mágico, una categoría que el estado mexicano otorga a localidades que mejor protegen su riqueza cultural, Sayulita tiene calles empedradas apenas desde la década de los setenta. Con unos 2.200 habitantes en la actualidad, en los últimos años se ha convertido en destino de moda, especialmente para los amantes del surf, atraídos por la calidad de sus olas. Así que sí, practicar surf o bien paddleboard es uno de los imprescindibles para fundirse en el entorno.

Ubicado junto a las montañas de la Sierra Madre Occidental, el contraste entre el mar y la exuberante vegetación, casi a pie de playa, dibuja un hermoso paisaje, también perfecto para relajarse haciendo yoga o, simplemente, abandonándose al placer de no hacer nada.

Un lugar que tiene ese ‘algo’

Un paseo por las calles Delfines y Marlín, paralelas y a escasos metros de la playa, nos llevan a la plaza principal. Un pequeño paseo que puede alargarse indefinidamente si nos paramos en los puestos y tiendas que llenan de color cada rincón.

Muchos artistas y artesanos se han instalado en Sayulita en las últimas décadas, por lo que las compras aquí tienen poco o nada que ver con los típicos souvenirs.

Encontraremos desde cerámicas, textiles y muebles traídos de diferentes regiones de México en Artefakto a objetos de decoración en Evoke the Spirit, donde destacan especialmente las calaveras pintadas a mano y decoradas con motivos y técnicas huicholes y las tiras de coloridos pompones de lana.

Si el arte huichol es una constante en los escaparates, también lo es la figura de Frida Kahlo, que decora bolsos, tazas o cojines, por ejemplo, en la tienda La Revolución del Sueño, en la calle Navarrete.

La Galería Tanana es el mejor lugar para empaparte de la cultura huichol: dependiente de una órganización sin ánimo de lucro, exhibe y vende esculturas, pinturas o joyas creadas por comunidades de origen wixárika e inspiradas en sus creencias.

Un respiro entre compras

Para tomarse un respiro entre compras, nada mejor que la heladería Wakika, en la calle Delfines, con polos naturales de frutas exóticas que entran por los ojos.

Para comer busca Naty’s Cocina, en la calle Marlin, y déjate conquistar por sus tacos o, si prefieres un restaurante frente al mar, dirígete a Don Pedros para probar algunas de las especialidades locales: mariscos frescos, camarones, ceviche, ensaladas de pulpo, ostiones y el guiso típico de la zona, el pescado sarandeado.

En Sayulita Wine Shop, de nuevo en el centro, encontraremos una selección de más de 90 referencias de vinos de siete estados mexicanos pero también mezcales, tequila artesanal y raicilla, un destilado de agave que se elabora en Jalisco.

Playa de los Muertos

Del mismo grupo, Casa Playa y, sobre todo, Brisa Mar, nos ponen en camino hacia la Playa de los Muertos, a unos minutos de la playa principal. Para llegar hay que atravesar el cementerio, también en este caso salpicado de banderolas y color (y muestra de la cultura nacional hacia los difuntos que se pone especialmente de manifiesto en el Día de los Muertos).

Merece la pena embarcarse y alejarse de la costa para observar el salto de las ballenas jorobadas -entre diciembre y marzo-. Las empresas que lo ofrecen, como La Orca de Sayulita, cuentan con embarcaciones equipadas con tecnología que permite escuchar cómo se comunican estos grandes cetáceos. No descartes ver también orcas y delfines en tu camino.

Si a cambia tu estancia coincide con los meses entre junio a noviembre, podrás participar en otro espectáculo emocionante: la liberación de tortugas en el Campamento Tortuguero, a unos 15 minutos desde el centro del pueblo.

De vuelta de tantas emociones puedes descansar en alojamientos de todo tipo; desde sofisticados hoteles boutique como Avela y Siete Lunas a coloridos hoteles como El Pueblito pasando por exclusivas villas como las de Haramara Retreat, que se autodefine, no por nada, como “el lugar donde Robinson Crusoe confluye con Architectural Digest”.

cerodosbe.com

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