La vuelta al mundo sin moverse de Buenos Aires

Se dice que Buenos Aires es la París de Sudamérica. Pero la capital argentina también tiene rincones que recuerdan a Londres, Madrid, Génova y hasta Pekín.


Argentina es un país cuya identidad se forjó por las inmigraciones, sobre todo europeas, y las calles de Buenos Aires es una síntesis de las culturas que poblaron este vasto país de Sudamérica.

El lugar común dice que la capital argentina es la “París de Sudamérica”. No es errada la comparación, pero se queda a mitad de camino si se tiene en cuenta otros rincones de la ciudad que parecen extraídos de varias ciudades del mundo. Y no solo europeas.

Recoleta y París

El barrio más chic de Buenos Aires, habitual hogar de las familias terratenientes, cuenta con un despliegue de fastuosos palacetes construidos a imagen y semejanza de las grandes residencias de París.

La mayoría fueron levantados entre 1870 y 1914, que coincidió con el período de mayor prosperidad económica de Argentina, en donde las grandes fortunas tomaron a la capital francesa como el modelo a imitar en su gastronomía, cultura y arquitectura.

Muchos de estos palacios ahora pertenecen al Estado argentino, son sedes de embajadas o fueron reconvertidos en museos. Pero sus fachadas neo renacentistas, y art nouveau, con sus techos de pizarra y sus grandes pórticos, siguen deslumbrando.

Entre los más fastuosos se encuentran los ‘palacios’ Fernández Anchorena, Duhau (que pertenece a Hyatt, con unos hermosos jardines que merecen una visita), Errázuriz Alvear (actual Museo Nacional de Arte Decorativo), Bosch, Pereda, Anchorena (sede del Ministerio de Relaciones Exteriores) y el Ortíz Basualdo, entre muchos otros.

Retiro y Londres

No muy lejos de Recoleta se encuentra el barrio del Bajo, aunque no esté contemplado así en el catastro municipal.

Allí se encuentra el nudo de comunicaciones de Retiro, con tres estaciones de trenes. La del ferrocarril Mitre se construyó en un estilo eduardiano, inspirado en la Victoria Station, con un hall central con 20.000 m2 de cielorraso.

Enfrente se encuentra la Plaza Fuerza Aérea Argentina, en donde se levanta la Torre Monumental.

Hasta la guerra de Malvinas, en 1982, la construcción era conocida como Torre de los Ingleses, y todavía hay porteños que la siguen llamando así.

De estilo palladiano, fue un regalo de la comunidad británica en 1910 por el centenario de la Revolución de Mayo. Cuenta con cinco campanas de bronce que reproduce la misma melodía que el Big Ben, y en su fachada de ladrillos se encuentran los escudos de Gran Bretaña y la Argentina.

Por las calles cercanas, como Reconquista y San Martín, se encuentran varios pubs que imitan a las cervecerías británicas e irlandesas, y todavía sobreviven varios edificios de ladrillos construidos por las compañías inglesas que invirtieron en banca, ferrocarriles e inversiones portuarias a fines del siglo XIX.

Si se sigue caminando hacia el sur el barrio de Puerto Madero cuenta con una fila de antiguos depósitos de granos, con sus gigantescas grúas amarillas, que fueron reconvertidos en viviendas, oficinas y sofisticados restaurantes, una renovación urbanística similar a la de Canary Wharf, en la margen sur del Támesis.

Avenida de Mayo y Madrid

Muchos barrios de Buenos Aires recuerdan a Madrid, Barcelona y a otras ciudades españolas, pero la calle más hispana es, sin duda, la Avenida de Mayo.

Esta arteria de 1,3 kilómetros une los dos polos del poder político del país, la Casa Rosada (sede del poder ejecutivo) y el Congreso.

Entre 1888 y 1894 se urbanizó bajo el concepto de una avenida fachada, con grandes edificios que buscaban demostrar el ascenso económico de Argentina.

Allí se instalaron diarios, hoteles, restaurantes y residencias particulares, construidos en estilos art nouveau, jugendstil, art decó, modernista, etcétera.

Aunque parecería que esto hubiera resultado en una amalgama de rincones europeos, la Avenida de Mayo parece la hermana lejana de la Gran Vía de Madrid o de la Vía Layetana de Barcelona, con edificios de seis a 10 pisos coronados por cúpulas, con ricas ornamentaciones y molduras que hay que descubrir lentamente.

Entre los más destacados se encuentran el Palacio Barolo, el Palacio Vera, la confitería London City, la Casa de la Cultura (ex diario La Prensa), el Pasaje Roverano, el Diario Crítica y los hoteles The Windsor, España, La Fresqué y Excelsior, entre otros.

Si logró un espíritu hispano también fue gracias a la gran cantidad de inmigrantes españoles que abrieron bares, restaurantes y hoteles.

Un detalle: los historiadores recuerdan las peleas que había de vereda a vereda en los cafés la Avenida de Mayo entre franquistas y republicanos durante la Guerra Civil. Bastaba una mirada, un comentario por lo bajo y enseguida empezaban a volar sillas y otros elementos.

La Boca y Génova

El chiste dice que un argentino es un italiano que habla español que se cree francés. Algo de eso hay, porque la inmigración italiana fue más numerosa que la de la Península Ibérica, y si bien los recién llegados se instalaron a lo largo del país, el barrio de La Boca fue su epicentro.

Debido a la pobreza y la falta de oportunidades inmediatas muchos inmigrantes vivían como podían en ‘conventillos’, antiguas residencias señoriales que fueron ocupadas por familias sin recursos ni futuro. Y si no había un techo, se construía con chapas de zinc, que se decoraban con las pinturas que sobraban de los barcos del antiguo puerto de Buenos Aires.

El reflejo de aquellos años persiste en La Boca, sobre todo en la turística calle Caminito y otras adyacentes, lugares que recuerdan a los barrios portuarios de Génova.

De hecho, a los seguidores del club Boca Juniors se les llama ‘xeneixes’, una deformación de ‘zeneize’, o sea ‘genovés’ en el dialecto de esa ciudad italiana.

Bajo Belgrano y Pekín

No toda la inmigración que recibió Argentina es europea: la de los países vecinos como Bolivia y Paraguay es muy importante. Pero también lo es la de tierras más lejanas como China, Japón y Taiwán.

En unas calles del barrio de Belgrano, a partir de los años 80, se concentró un importante núcleo de familias asiáticas, que crearon un pequeño sector llamado, con poca originalidad, ‘Barrio Chino’.

Tras pasar por un portal con dragones y leones en las calles Juramento y Arribeños se puede caminar por las tiendas con carteles escritas en castellano y chino, el lugar ideal para encontrar especias, alimentos exóticos, objetos de decoración, revistas de manga y animé.

Los fines de semana el lugar se anima bastante, pero las celebraciones del Año Nuevo Chino son las más divertidas.

cerodosbe.com

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