Tres motivos por los que la educación emocional es más importante que nunca

La educación emocional ayuda a las personas a desarrollar habilidades y competencias básicas para el trabajo y la vida cotidiana


En la escuela típicamente nos enseñan matemática, geografía, biología, y aprendemos algunas habilidades de interacción social. Pero poco se habla de la educación emocional y de las habilidades blandas (“soft skills”) que debemos adquirir para desarrollarnos en la vida.

La pandemia sin dudas cambió el modelo de la educación, en la medida en que por primera vez en siglos de prevalencia del mismo sistema, fue imposible realizar clases presenciales o reuniones por un largo período de tiempo.

Esto dejó de manifiesto las dificultades que tenían los alumnos para manejarse de manera independiente en su propio aprendizaje, pero también la falta de educación emocional que habían percibido a lo largo de sus años académicos.

Algunos educadores quieren aprovechar esta oportunidad para introducir la educación emocional en el debate sobre el futuro de la enseñanza a nivel nacional.

La educación emocional será además la clave para adquirir las habilidades blandas que tanto reclama el mercado laboral en todo el mundo.

En la siguiente nota te contamos qué es la educación emocional y por qué muchos expertos consideran que en este momento es más importante que nunca.

Educación emocional; ¿qué es?

En los últimos años, afortunadamente, se está hablando más sobre la educación emocional en ámbitos académicos.

Si bien todavía gran parte de las instituciones dedicadas a la formación del profesorado no los incluyen en sus planes de estudio, hay un creciente interés por conocer el tema en lugar de descartarlo como un ámbito que queda relegado solo a la educación que recibimos en el hogar. Ahora se comenzó a considerar que es importante incluir la formación en educación emocional en la labor educativa.

De en las diversas definiciones que están surgiendo sobre qué es la educación emocional, nos quedaremos con la de Rafael Bisquerra y Nuria Pérez (2012), docentes e investigadores de la Universidad de Barcelona: “Educación emocional es un proceso educativo, continuo y permanente, que pretende potenciar el desarrollo de las competencias emocionales como elemento esencial del desarrollo humano, con objeto de capacitarle para la vida y con la finalidad de aumentar el bienestar personal y social.”

Se trata de educar en lo que estos investigadores definen como “competencias emocionales”, que así como los saberes técnicos básicos, son competencias básicas para la vida, esenciales para el desarrollo integral de la personalidad. Son consideradas un complemento indispensable del desarrollo cognitivo sobre el cual se ha centrado la educación a lo largo del siglo XX.

Entre esas competencias, algunas de las más destacadas son las siguientes:

  • Conciencia emocional: Consiste en reconocer las emociones propias y de las demás personas.
  • Regulación emocional: Implica responder adecuadamente a las emociones experimentadas.
  • Autonomía emocional: Se refiere a la capacidad de que nos afecten demasiado de los estímulos externos, equilibrando sensibilidad e invulnerabilidad.
  • Competencia social: Implica tener habilidades sociales que faciliten las relaciones interpersonales, ya que están relacionadas directamente con las emociones.
  • Habilidades de vida para el bienestar: Consisten en un conjunto de habilidades, valores y actitudes que contribuyen al bienestar personal y social.

Como se podrá ver, esas capacidades son básicas pero no innatas, por eso es importante que en el ámbito académico se prepare a las personas para la educación emocional, de manera de facilitar su desarrollo integral, sobre todo para momentos en los que se necesita atravesar una crisis. 

No por nada el propio Bisquerra advertía hace años que si no se atiende a la adecuada educación emocional, estaremos asistiendo a un incremento de emociones negativas como la ansiedad, el estrés, la depresión, o incluso al aumento del consumo de sustancias no adecuadas y comportamiento sexual de riesgo, violencia, etc. 

La conclusión sería tomar conciencia de la importancia de la prevención de estos escenarios. Lo cual pasa por una educación emocional que cumpla con los requisitos mínimos señalados por las investigaciones.

Educación emocional para el trabajo

La educación emocional es útil en el trabajo ya que ayuda a identificar las emociones de los demás

Si bien todas las personas deberían poder recibir educación emocional para fomentar su desarrollo integral, aquellas que desarrollan fuertes competencias emocionales también correrán con ventaja en el ámbito laboral.

Un estudio realizado en la Argentina en 2019 por el Observatorio de Tendencias Sociales y Empresariales de la Universidad Siglo 21 detalló que la demanda de capacidades y competencias diferenciales para los denominados “trabajos del futuro” incluye habilidades blandas como la adaptabilidad al cambio, mantener la estabilidad emocional y la empatía. Todas ellas requieren trabajo mediante la propia educación emocional.

Pero la educación emocional no se limita ni es esencialmente para el trabajo. Incluye competencias que se aplican en todas las instancias de la vida. Pero todos los especialistas coinciden en que su desarrollo será fundamental en el futuro del trabajo en el cual muchas de las tareas mecánicas y repetitivas dejarán de ser hechas por seres humanos y se priorizará precisamente las habilidades que solo ellos pueden realizar como forma de insertarse en el mercado.

Incluso organismos como la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) y la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) enfatizan que, para enfrentar con éxito el mercado laboral, es necesaria una formación integral que englobe conocimientos académicos y habilidades socio-afectivas.

La educación emocional incluso dentro de los ámbitos de la educación superior auxilia ese tipo de formación, generando seres humanos plenos y trabajadores efectivos.

También hace falta aclarar que la educación emocional va mucho más allá de lo que en los ámbitos laborales y de negocios se conoce como “inteligencia emocional”. Esa es solo una de las habilidades que los expertos en educación emocional insisten en que debe ser desarrollada. Pero claro, es una capacidad emocional fundamental para el desarrollo profesional.

Está demostrado que, los empleados con altos niveles de inteligencia emocional se encuentran en mejores condiciones para cooperar con los demás, gestionar el estrés relacionado con el trabajo, resolver conflictos dentro de las relaciones laborales y aprender de los errores interpersonales previos. 

La educación emocional es más importante que nunca

La consultora especializada TalentSmart dio a conocer en los últimos días un artículo en los cuales lista tres razones por las que la inteligencia emocional y por lo tanto la educación emocional para que los talentos desarrollen esa capacidad, es hoy más importante que nunca.

La mencionada firma asegura que tan solo en 2020 la inteligencia emocional se incluyó dentro de las 10 competencias para el trabajo más demandadas según el reporte anual del Foro Económico Mundial, entre las cinco más pedidas en el mercado según la red social profesional LinkedIn y en el “top cuatro” de las prioridades de capacitación según el informe de la plataforma educativa “Udemy’s Workplace Learning Trends”.

TalentSmart asegura que la inteligencia emocional es la habilidad de reconocer y entender las emociones, tanto las propias como las de otros, y la capacidad de usar ese conocimiento para manejar tus relaciones y tu comportamiento.

Algunos expertos sugieren que la inteligencia emocional puede ser más importante que el coeficiente intelectual a la hora de determinar el éxito de una persona. Por eso también para el desarrollo profesional es fundamental la educación emocional, y no solo en las etapas de la escolarización obligatoria o la educación superior.

El término inteligencia emocional se originó en 1985, cuando el psicólogo Wayne Payne la utilizó en su tesis doctoral, titulada Un estudio de las emociones: el desarrollo de la inteligencia emocional. 

Si bien fue la primera vez que se la mencionó, fue otro psicólogo estadounidense quien se encargó de iniciar toda una línea de trabajo e investigación. Daniel Goleman comenzó a estudiar y descubrir el poder de las emociones sobre lo que las personas hacen y en su forma de relacionarse.

Así, él definió la inteligencia emocional como la capacidad de una persona de manejar sus sentimientos de manera tal que se expresen adecuada y efectivamente. De acuerdo con Goleman, la inteligencia emocional es el mayor predictor de éxito en el lugar de trabajo.

Tres habilidades que requieren educación emocional

La capacidad de adaptación al cambio es una de las que puede desarrollarse con educación emocional

La inteligencia emocional, además, es la puerta de entrada al desarrollo de otras tres habilidades que serán cruciales en el futuro de la “nueva normalidad”.

Esas habilidades cruciales, según TalenSmart, son tres:

1. Manejo del cambio

Si hay algo que ocurrió con la pandemia es que todos tuvimos que adaptarnos a operar o trabajar de forma distinta a la que lo hacíamos. Esto sumado a las complicaciones y preocupaciones propias de la crisis sanitaria provocó un “combo explosivo” de emociones que quienes hayan contado con educación emocional en su vida habrán tenido más herramientas para manejar.

Lograr los cambios necesarios no fue fácil. En el ámbito laboral muchos de los que debieron gestionar el cambio reconocen que es incómodo, desgastante, estresante y puede motivar el “burnout” o “síndrome del quemado”. 

TalentSmart asegura que las personas que cuentan con inteligencia emociona están mejor preparadas para enfrentar este ciclo de cambios y romperlo, reconociendo y entendiendo como el cambio afecta a otras personas y manejando sus propios comportamientos y reacciones. Por eso es importante desarrollar esta capacidad crucial mediante educación emocional.

2. Manejo del estrés

El peligro de contagio de la pandemia se combinó, como hemos visto, con el estrés agregado de tener que adaptarnos a los cambios, potenciando el efecto “burnout” en los empleados y líderes.

Pero la doctora Dr. Moira Mikolajczak, citada por TalentSmart, encontró que las personas con inteligencia emocional reportan mejor ánimo, menos ansiedad y menores niveles de preocupación en momentos de alta tensión y estrés que aquellos que no pueden identificar ni manejar sus emociones. Es en este punto en el que se destaca que la educación emocional puede influir positivamente en la salud de las personas.

Mikolajczak asegura que este mejor manejo del estrés se da porque las personas con inteligencia emocional pueden simultáneamente conectarse con su razonamiento emocional y racional. Al confrontarse con el estrés, esas personas pueden controlar mejor qué hacer como siguiente paso, asegura la profesional, en lugar de tener pensamientos de catástrofe, sobre preocuparse o buscar culpables, que son actitudes que no aportan soluciones.

Ella asegura que quienes cuentan con inteligencia emocional encuentran el costado positive de las situaciones estresantes y se enfocan en él, practican automotivación, se conectan con memorias positivas. Una vez que han tomado control de sus emociones, piensan un plan de acción y lo ponen en práctica.

Claro, para llegar a ese resultado es necesario que esas personas hayan desarrollado este tipo de inteligencia mediante algún tipo de educación emocional en su camino.

3. Comunicación efectiva

No existe comunicación efectiva posible entre dos personas en el trabajo en momentos como este si al menos una de ellas no ha desarrollado las capacidades adecuadas para ello mediante educación emocional.

Las relaciones –laborales y otras- están conformadas por comunicaciones y conversaciones importantes. Así sea que demos o recibamos noticias, que brindemos feedback a otra persona, lo ayudemos a manejar un conflicto o a luchar en un momento difícil, necesitaremos aplicar en estos casos inteligencia emocional para detectar emociones y adaptar respuestas y comportamientos.

Así es que la educación emocional se vuelve clave en la comunicación cotidiana y también en los mensajes más formales en el ámbito del trabajo.

TalentSmart asegura que las comunicaciones importantes suelen incluir tres factores en común:

1. Opiniones opuestas

2. Emociones Fuertes

3. Presión

Y la consultora apunta a que desarrollar las capacidades asociadas a la inteligencia emocional mediante educación emocional ayuda a crear las condiciones necesarias para conectar tanto con la parte racional como la emocional del cerebro en esas situaciones. Para ellos, esto ayuda a generar las respuestas apropiadas y necesarias en tiempo real para mantener comunicaciones efectivas.

“Lo mejor de las habilidades de inteligencia artificial es que pueden ser desarrolladas con práctica”, concluyen en el artículo los expertos de TalentSmart. La consultora cree que parte de esa educación emocional es practicar cualquiera de los comportamientos descriptos para desarrollarlos como hábitos, de manera de tenerlos disponibles en el “arsenal” de habilidades cuando se necesiten.

iProfesional

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