Diez esculturas por las que vale la pena viajar

Ejemplares representantes del arte contemporáneo, estas esculturas sorprenden por su belleza y diseño que, en ocasiones, desafía las leyes de la naturaleza.


Las ciudades presumen de edificios, parques, museos, rascacielos y centros comerciales para atraer al turismo. Y también del arte, con impactantes esculturas que se encuentran al aire libre para que sean disfrutadas por todo el mundo.

Recorremos el planeta para conocer innovadoras obras de arte público que impactan por su belleza, pero también porque su diseño juega con un delicado equilibrio que desafía a la ley de gravedad.

La Fuerza de la Naturaleza (Londres)

El escultor italiano Lorenzo Quinn es famoso por la complejidad de sus estatuas, que parecen congeladas mientras realizan un veloz movimiento centrífugo.

Inspirado en la fuerza destructora de los huracanes, Fuerza de la Naturaleza muestra a una mujer cubierta por un velo que sostiene a un planeta Tierra como si fuera una piedra en una honda.

Kafka (Praga)

El escultor checo Jaroslav Róna homenajeó a Franz Kafka en su ciudad natal con una obra que recuerda a su primer novela, Amerika.

Allí se ve a un candidato político en campaña a hombros de un gigante sin rostro ni manos, una escultura de bronce finalizada en 2003.

Los Viajeros (Marsella)

El francés Bruno Catalano recuerda que Marsella fue y es una de las puertas de entrada y salida de cientos de miles de personas, emigrantes que partieron de Francia en búsqueda de un mejor futuro e inmigrantes que llegaron a las costas del país huyendo de guerras y miserias.

Dos hombres de rostro curtido miran al vacío, con un cuerpo y un brazo desvanecidos de la escena; toda una proeza técnica y artística.

Zapatos en el Danubio (Budapest)

En el 2005 Can Togay y Gyula Pauer recordaron a la humanidad que cientos de húngaros fueron muertos en el Holocausto.

A todos ellos se les ordenó que dejen su calzado en la orilla del Danubio, antes de abordar los trenes que los llevaron al exterminio en los campos de concentración.

60 años después, varios zapatos de bronce homenajean a los dueños que nunca regresaron.

Ayrton Senna (Barcelona)

El funeral de Ayrton Senna, tricampeón de Fórmula 1, fue el más grande en la historia de Brasil, con tres millones de personas que llegaron a São Paulo para rendirle homenaje.

A miles de kilómetr

os de distancia, otra muestra de respeto se encuentra desde abril de este año en el Circuito de Montmeló, cerca de Barcelona, donde el británico Paul Oz creó una figura del corredor con su casco y traje antiflama, corriendo en un Fórmula 1 que nadie ve pero que todos perciben.

Primera Generación (Singapur)

Otra escultura que parece la fotografía de un momento dinámico. El artista Chong Fah Cheong esculpió a cinco niños que se zambullen en el río de Singapur, de los que dos de ellos están suspendidos en el aire.

La obra fue encargada por el ente de turismo de esta ciudad-estado, y se ha convertido en uno de los motivos artísticos más fotografiados de Singapur.

Maman (Bilbao)

Aunque en Bilbao todo el mundo la conozca como ‘la araña del Guggenheim’, este gigantesco arácnido de diez metros de altura y otros tantos de diámetro se llama Maman, homenaje de la artista Louise Bourgeois a su madre.

Sus trabajos suelen expresar miedo, angustia y celos, y en el caso de esta obra, representa el cuidado pero también la sobreprotección de la figura materna.

Flor de globo roja (Nueva York)

Las esculturas de gran de gran formato de Jeff Koons recuerdan a las figuras de globos que los payasos realizan en cualquier fiesta infantil.

Una de ellas se encuentra bajo la sombra de los nuevos rascacielos del World Trade Center, en Nueva York, que asemeja a una flor armada con un globo rojo.

El trabajo fue un encargo del empresario Larry Silverstein, quien había pujado por construir nueva torres junto a las Gemelas antes del atentado del 11-S.

Libertad (Filadelfia)

Esta hermosa obra de arte se despliega en el centro de Filadelfia, a pasos de la Academia de Bellas Artes de Pennsylvania.

En sus seis metros de largo se ven cuatro figuras: una atrapada en el bronce rodeado de rostros, la segunda que asoma medio cuerpo al exterior, la tercera ya está a punto de salir de su prisión metálica y el cuarto corre con los brazos extendidos y el pecho a punto de estallar.

La obra de Zenos Frudakis es una parada obligatoria en las visitas a esta ciudad.

Carmela (Barcelona)

Frente al Palau de la Música Jaume Plensa cedió por ocho años una de sus famosas cabezas, que conforme uno camina parece aparecer de la nada o desvanecerse en la calle.

Carmela, ese es su nombre, es una adolescente y la ilusión óptica que despliega es una metáfora de la transición de la niñez a la juventud

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