París recupera todo su ‘charme’

Tras el bienio negro del terrorismo yihadista, en el 2017 ha vuelto el boom turístico

Las patrullas militares, metralleta en ristre, que se ven todavía en aeropuertos, estaciones de tren y otros puntos estratégicos ya no intimidan a los turistas. Sí lo hicieron después de la ola de atentados, pero París ha recuperado por completo su brío y volvió a experimentar un boom de visitantes el año pasado. El bienio negro del terrorismo yihadista, los sangrientos 2015 y 2016, empiezan a quedar atrás. La capital francesa se mantiene como uno de los principales destinos mundiales y confía en crecer aún más con los Juegos Olímpicos del 2024 en el horizonte.

Los datos del 2017 invitan al optimismo. En París y la región Île-de-France hubo 33,8 millones de pernoctaciones de hotel, lo que supone un incremento del 9,5% respecto al 2016. Hacía diez años que no se registraban números tan positivos. Viajes de negocios y de ocio explican el crecimiento. Los lugares más visitados fueron, por este orden, el museo del Louvre, con más de 8 millones de entradas vendidas, el palacio de Versalles (7,7 millones) y la torre Eiffel (6,2 millones). También las exposiciones fueron muy populares, sobre todo la de la colección Shchukin que organizó la fundación Louis Vuitton. Atrajo a 1,2 millones de personas. Son afluencias de vértigo que tienen un fuerte impacto económico. Los turistas se dejaron en el área parisina 20.800 millones de euros. Medio millón de empleos dependen de la actividad vinculada al turismo.

Los turistas asiáticos, claves en la recuperación

Un aspecto importante es el retorno de los turistas asiáticos, especialmente chinos y japoneses, un colectivo con alto poder adquisitivo y que dedica una parte sustancial de su presupuesto –más de dos tercios– a las compras. Los chinos que pasaron por París fueron más de 1,1 millones en el 2017, casi un 18% por encima del nivel del año precedente. Los japoneses sumaron 425.000, un 32,8% más. Los visitantes de estos países habían sido especialmente sensibles a la amenaza terrorista. Los números muestran que han recobrado la confianza.

El turismo nacional continúa siendo el componente mayor de visitantes en París y su entorno. Suponen el 42,6%. Pero sin el efecto imán para los extranjeros las cifras no serían tan espectaculares. Por nacionalidades, la primera son los británicos, seguidos de los estadounidenses, los alemanes, los españoles, los italianos, los chinos y los brasileños. El tirón de París arrastra a toda Francia. No hay todavía cifras globales para el 2017. Se estima que rondarán los 88 u 89 millones de turistas. El Gobierno francés se ha puesto como objetivo alcanzar los 100 millones de aquí al 2020.

El flujo de visitantes también genera polémicas similares a las de otras ciudades europeas

Según el informe del Comité Regional de Turismo París-Île-de France, la razón principal de la recuperación, además de la mayor seguridad, ha sido un contexto económico mundial favorable, con buena coyuntura en grandes países emisores como Estados Unidos, España y Alemania, además de una contención en los precios. Las perspectivas para el año en curso son igualmente halagüeñas. Las reservas en hoteles y en compañías aéreas anticipan un aumento, entre marzo y mayo, de más de un 11%.

A pesar del optimismo general que se respira en el sector, el flujo de visitantes también genera en París polémicas similares a las de otras ciudades europeas. Los beneficios del maná turístico no siempre se reparten a gusto de todos y la regulación no resulta fácil ante las nuevas ofertas de alojamiento a través de la red. El Ayuntamiento de París, por ejemplo, está siendo mucho más severo con los alquileres turísticos para detectar actuaciones ilegales. Hace poco, un propietario de origen griego que alquilaba a turistas seis apartamentos fue multado con 110.000 euros. Existe una Brigada de Protección de Alojamiento y Hábitat (BPLH) que realiza inspecciones sorpresa. Recientemente fue multada una agencia inmobiliaria que ejercía de intermediaria. Le cayó una sanción de 100.000 euros, algo inédito. La persecución va en aumento. En el 2016 las multas totales por estos comportamientos no llegaron a los 400.000 euros. En el 2017 superaron los 1,3 millones. La ley prohíbe alquilar más de 120 días al año la vivienda principal. A partir de ahí, se necesita una autorización de cambio de uso, algo que ahora es casi imposible de obtener en París. Una nueva forma de control para evitar el fraude es el número de registro obligatorio –concedido por el Ayuntamiento– que deben inserir quienes se anuncien en plataformas como Airbnb o HomeAway. Hasta ahora la iniciativa no ha tenido mucho éxito. 

Fuente: lavanguardia.com

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