Hay nuevas pistas para predecir las erupciones de los volcanes

Un nuevo estudio repasa el proceso por el que los volcanes entran en erupción, arrojando luz en los puntos más claves para poder predecir la catástrofe


Nuestro planeta ruje, de hecho, lo lleva haciendo desde que el tiempo es tiempo. No vivimos sobre roca fría e inerte, la corteza que habitamos es más parecida a una gran bestia que late. Bajo nuestros pies, a muchos kilómetros de profundidad, la rígida corteza se vuelve algo más maleable, para, algo más abajo, convertirse en un líquido. El calor, la viscosidad, las propiedades mecánicas de las de roca, todo ello interactúa entre sí para dar lugar a los más variados fenómenos. Algunos avanzan tremendamente lentos, al ritmo de (valga la redundancia) tiempos geológicos. El vulcanismo, sin embargo, es otro cantar. Sucesos geológicos que tienen lugar en un abrir y cerrar de ojos, sembrando la destrucción a su paso.

Sin embargo, que hayan captado nuestra atención no quiere decir que siempre los hayamos entendido. Cumplían un papel en los mitos e incluso hipostasiaron en personajes como Vulcano, Efesto, Guayota o Ngen-winkul. Si nos remontamos tan solo un par de siglos, encontraremos que seguíamos profundamente ignorantes en cuanto a qué producía estas catástrofes naturales. Un ejemplo paradigmático es el que plasma Sir Arthur Conan Doyle en su libro “Viaje al centro de la Tierra”. En él se habla de vapor de agua contenido entre las rocas a altísimas presiones que, de repente, es liberado a la superficie, como un geiser. Ahora sabemos lo equivocados que estábamos, aunque para ser justos, seguimos algo perdidos en cuanto a los detalles, haciendo que sea complejo predecir cuándo y cómo entrará en erupción un volcán. Esto es precisamente lo que está estudiando un equipo de investigadores de la Universidad de Ginebra.

¿Cómo funciona una erupción?

En su estudio, los investigadores detallan las fases de una erupción para, posteriormente, pasar a relacionar algunos de estos puntos con los factores que determinan cuándo y cómo erupciona el volcán. La roca fundida, cuando todavía está bajo tierra y no ha liberado los gases que hay disueltos en ella, se llama magma. Es con esta roca viscosa con la que empezamos el recorrido. A veces, la temperatura, la densidad, los movimientos de tierra u otros factores empujan el magma hacia la superficie, pero en su viaje puede quedarse atrapado en cavidades de roca sólida. En función de la presión ejercida por este magma, este puede resquebrajar las paredes de la cavidad y proseguir su periplo si no es demasiado denso. Dicho de otro modo, para filtrarse por algunas brechas necesita estar cristalizado en menos de un 50%, de otro modo su viscosidad supone un lastre.

No obstante, hay otro factor determinante que hemos pasado por alto en el punto anterior. La presión a la que ha de ser sometida una cavidad para que se resquebraje permitiendo que el magma continúe su ascenso no es siempre igual. El primer magma que llega a la cavidad simplemente lo rellena, pero el flujo no suele terminar aquí y posteriores inyecciones van aumentando la presión. Cuando las paredes están formadas por roca fría y sólida, hace falta una menor inyección de magma para que la estas cedan con violencia. Sin embargo, cuando la roca a su alrededor está más caliente, sus propiedades mecánicas cambian y se deforma al recibir el magma, expandiéndose ligeramente, como un globo, y haciendo que la presión no suba tanto como para fracturar las paredes.

Las pistas

Estas condiciones abstractas guardan paralelismos con distintos tipos de volcanes. Conocerlos bien nos permitirá anticipar qué tipo de erupción es más probable en cada uno. El primer caso, donde la roca está fría, suele pertenecer a volcanes jóvenes, donde las plumas de magma todavía no han caldeado la corteza en su viaje hacia la superficie. De este modo, los volcanes jóvenes tienen erupciones menos violentas y, los antiguos, menos bruscas, pero más abundantes en cuando a magma, porque como hemos visto, hace falta inyectar una mayor cantidad en una cavidad que se distiende.

Por supuesto, esto se suma a otra serie de datos, como la pendiente de sus laderas, lo cual da una pista acerca de la viscosidad del magma que emerge y de la lava que cae por su cono. Las rocas que se encuentran en las inmediaciones también proporcionan pistas y, por supuesto, si el volcán ha estado activo hace poco, contaremos con un registro de primera mano mucho más rico que las predicciones que podamos realizar a través de estos indicadores indirectos. Sin embargo, esta asociación entre la antigüedad del volcán y el tipo de erupción puede suponer un nuevo dato para tener en cuenta, algo que, de hecho, podemos medir con facilidad analizando los circones en las rocas emergidas de un volcán concreto. Estas nos hablarán de su antigüedad y, por lo tanto, de forma secundaria, de su peligrosidad.

Podemos predecir una erupción con cierta antelación, pero a pesar de ello no podemos contar enteramente con este tiempo, sino que hemos de haber establecido claros protocolos de evacuación. Las poblaciones cercanas a lugares de actividad volcánica están entrenadas para reaccionar en este tipo de situaciones y, por ahora, las pistas que pueda dar la antigüedad de un volcán son solo complementarias.

elmundoalinstante.com

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