Esta es la ciencia que volverá más verdes los deportes de motor

Un mundo cada vez más concienciado con la importancia del medio ambiente requiere de deportes más sostenibles


La semana pasada concluyó la temporada 2022 de la Fórmula 1. En ella, 20 pilotos se han enfrentado en la pista con sus monoplazas para tratar de cruzar primeros la línea de meta en 22 pruebas, cada una única en trazado y características. El ganador ha sido el neerlandés Max Verstappen con la escudería RedBull, que también ha resultado victoriosa en el campeonato de constructores. Dejando de lado la competición en sí, la Fórmula 1 actúa como banco de pruebas de constructores de vehículos, de fabricantes de combustible y de neumáticos, que aprovechan las exigencias del deporte para mejorar sus compuestos e innovar en el desarrollo de productos.


El foco puesto en cero emisiones

En 2019, debido a las nuevas políticas automovilísticas que se inclinan por unas menores emisiones, comenzó todo un proceso para convertir este deporte en sostenible. La meta final son cero emisiones, a las que se espera que el circo de la Fórmula 1 llegue en 2030. “Cero emisiones” quiere decir que la cantidad de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera sean compensados mediante otros medios para que el balance final emitido a la atmósfera sea 0. Las formas de lograrlo son muy variadas, desde el uso de energía renovable en los circuitos, cambios en la logística o la obtención de un combustible ecológico.

¿Qué es un combustible ecológico?

Actualmente el combustible que utilizan los monoplazas es una mezcla de 90% de origen fósil y 10% de etanol. Sin embargo, para 2026 un cambio en el reglamento exigirá que el 100% del combustible provenga de fuentes renovables y que se pueda utilizar en la mayoría de los motores de combustión sin que hayan de ser modificados. Estos biocombustibles serán de segunda generación, es decir, se obtendrán a partir elementos vegetales no aptos para consumo. Para ello bien se pueden utilizar aceites vegetales, melazas, restos orgánicos o pueden ser directamente sintetizados en los laboratorios mediante métodos más complejos.

Los biocombustibles están compuestos mayoritariamente por ésteres metílicos de ácidos grasos -FAME por sus siglas en inglés-. Se trata moléculas que se obtienen a partir de la transesterificación de las grasas mediante metanol. Esto quiere decir que a los aceites vegetales se les añaden alcoholes para que cambien su estructura química y formen moléculas lineales largas. Estas largas cadenas de hidrocarburos son las que generan la energía al ser quemadas o comprimidas violentamente, lo que acaba moviendo los pistones de los motores.

Ante la complejidad de desarrollar este tipo de combustibles puede asaltar la pregunta: ¿Por qué no utilizar vehículos eléctricos? La respuesta está en la Fórmula e, una realidad desde hace casi una década, y que actualmente también trata de conseguir el mínimo impacto medioambiental. Para ello han desarrollado componentes más sostenibles, como los neumáticos, que se pueden utilizar en todas las condiciones de pista, lo que reduce el número de unidades que se han de trasladar a cada prueba. Aunque sin duda, lo que caracteriza a la Fórmula e es el uso de motores eléctricos y baterías. Lamentablemente, la extracción del litio necesario para su manufactura sigue teniendo un grave impacto medioambiental, aunque se está progresando para su obtención con métodos que no supongan tan dañinos.

Circuitos y logística

Varios circuitos ya cuentan con paneles solares y otros medios de energía renovable con los que obtienen el gran parte de su energía. En el caso del Circuit de Catalunya y el Circuito internacional de Sakir, la totalidad de su energía proviene de fuentes renovables, y se espera que este cambio suceda a corto plazo en otros trazados. Además, para el año 2025, la electricidad de todos los edificios de la Federación Internacional de Automovilismo deberá provenir de producción renovable. Otro de los problemas a los que se han de enfrentar los ingenieros son los cientos de miles de personas que acuden a cada uno de estos eventos. Para tratar de reducir el impacto, se necesita una red de transporte público eficientes que permita a los locales acudir a los circuitos sin necesidad de traer su propio vehículo.

En definitiva, se requiere de una enorme inversión en desarrollo tanto tecnológico como informático para que este tipo de deportes puedan conseguir la etiqueta de “cero emisiones” en 2030. Afortunadamente, los grandes patrocinadores de los eventos automovilísticos pueden aportar los recursos necesarios y acercarlos, paso a paso, a ese objetivo.

Los biocombustibles de segunda generación siguen contaminando, pero se estima que su impacto ambiental es aproximadamente entre un 85% y un 65% menor que el de los combustibles fósiles tradicionales

Por: Daniel Pellicer

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