Consejos de asistentes de vuelo para tratar con niños en un avión

¿Cuál es la mejor forma de tratar con niños que alborotan y dan patadas en el asiento del avión? ¿Cuándo es el momento de avisar al personal de vuelo? Estas azafatas comparten sus consejos para un vuelo lo más agradable posible.


Viajar con niños en un avión puede no ser fácil. Yo nunca he tenido la experiencia, pero como exazafata y viajera de negocios, he visto a muchos padres pasarlo mal. Hay unas cuantas cosas que tener presentes incluso antes de embarcar, pero una vez dentro del avión, la presión debe ser inmensa. Todo el mundo mira y, lo admito, me ha pasado a mí también. La familia con niños pequeños entra y ya me estoy preguntando dónde se van a sentar.

Admitámoslo: a nadie le gusta sentarse al lado de un niño que no deja de gritar, ni aguantar patadas en el asiento durante un vuelo largo. Pero cuando ocurre, a mucha gente le cuesta averiguar cómo enfrentarse a la situación. ¿Es mejor hablar directamente con la familia? ¿Llamar al personal de vuelo?

La formación como azafata es muy completa en cuanto a aspectos de seguridad: te enseñan cada detalle de todos los aviones de tu aerolínea, pero nadie te prepara para calmar a un niño que llora o a su familia desesperada. Es una de las cosas más incómodas con las que te pueden pedir ayuda, y a nadie le gusta tener que intervenir cuando un niño se está portando de forma incontrolable. Pero hay unos pocos casos en los que puede tener sentido que los demás pasajeros pidan al personal de vuelo que eche una mano.

El personal del avión puede ayudar si las cosas se descontrolan. Robert Alexander/Getty Images

LO PRIMERO, INTENTAR SOLUCIONARLO

Si te ha tocado cerca un asiento cerca de un niño y te está molestando o incomodando, lo primero debería ser intentar tratar el asunto con calma sin involucrar a nadie más. La amabilidad puede ayudar mucho en estas situaciones. “La respuesta será mucho más positiva si sacas el tema de forma calmada, humorística y agradable, restándole importancia en lugar de empezar con hostilidad abierta”, explica Shawn Kathleen, la exazafata que lleva la conocida cuenta de Instagram Passenger Shaming.

Cuando yo era azafata, siempre me maravillaban los pasajeros capaces de echar una mano tranquilamente. Por ejemplo, Michelle Payer, una reportera de viajes de lujo en Miami que vuela muy a menudo, cuenta que, cuando tiene cerca a algún niño que llora o se revuelve, lo distrae con su perrito. “También he llamado su atención con llaveros, aviones de papel o lo que fuera para intentar ayudar a la pobre familia”, recuerda.

Las distracciones parecen ser la mejor forma de calmar a niños ruidosos. Nikki Noya, del programa de viajes The Jet Set, recuerda un vuelo de larga duración en el que, a menos de una cuarta parte del recorrido, empezó a escuchar llorar a un niño. Su hija y ella fueron en seguida a ayudar. “Fui para allá con unos libros de colorear y chucherías a ver si había algo que pudiera hacer”, cuenta.

Pero a veces ni los mayores esfuerzos por parte de otros pasajeros consiguen calmar a un niño. En ocasiones, no queda más remedio que pedir ayuda al personal de vuelo.

Es habitual que los auxiliares de vuelo ofrezcan ayuda si notan que una familia tiene problemas con sus niños. Robert Alexander/Getty Images

¿CUÁNDO ES MOMENTO DE AVISAR AL PERSONAL DE VUELO?

Hay cosas que, aunque no son tan ruidosas como el llanto, molestan e incluso pueden comprometer la seguridad del vuelo. Dar patadas en el asiento de delante, subirse encima de los respaldos, meterse por debajo de los pies de otros pasajeros, pulsar el botón de aviso repetidamente e incluso ignorar el piloto de ponerse el cinturón son algunas de las cosas que podrían necesitar involucrar a los asistentes de vuelo.

Llamar la atención sobre esto no siempre es fácil. A veces, la familia hace lo que puede; otras, podrían hacer un esfuerzo un poco mayor. Yo siempre me enfrentaba a estas situaciones acercándome a sus asientos y preguntando si necesitaban algo y esperaba que el mensaje fuera suficiente como para que entendieran que lo que fuera que estuviera ocurriendo empezaba a molestar a los demás.

Me han contado toda clase de reacciones a esto, que suele depender de lo que estén haciendo los padres. “Cuando están intentando calmar al niño, suelo ignorar las quejas de los demás pasajeros. Ya están haciendo lo que pueden”, cuenta Ashley Davis. “Pero si no se están responsabilizando de las acciones de sus hijos y están ignorando las molestias que causan, me acerco a decir a los niños directamente que paren, y esto suele hacer que los padres empiecen a pedirles que se comporten».

A los más pequeños a veces les cuesta aceptar ciertas normas de seguridad. Prisma by Dukas/Getty Images

Pero a veces son las propias familias las que ponen en un compromiso al personal de vuelo. Cuando era azafata, una vez pulsaron el botón de aviso mientras el piloto del cinturón estaba encendido. Una madre no conseguía que su hija se pusiera el cinturón y tenía esperanzas de que hiciera caso a alguien “con más autoridad”.

Le expliqué a la niña: “El capitán dice que el avión se va a mover un poco, y que hace falta ponerse el cinturón por seguridad, como en el coche”, a lo que me respondió inmediatamente con un rotundo “no”. Entonces la madre me dijo que podía ser más firme o gritarle si quería. Por supuesto que no lo hice, y acabé diciéndole a la madre que se encargara ella de abrocharle el cinturón a su hija.

Viajar con niños en avión puede ser incómodo para todo el mundo, en especial para su familia. Hablar amablemente y con calma, intentar ayudar y llamar al personal de vuelo solo cuando sea estrictamente necesario suele ser la mejor forma de lidiar con una situación así. Como ocurre en todas las situaciones tensas, un poco de empatía puede ayudar muchísimo para tranquilizar a toda la gente involucrada. Como cuenta Noya: “Antes era yo la que ponía mala cara cuando un bebé empezaba a llorar, ahora no puedo evitar sentir el dolor de sus padres”.

Viajar con niños en avión puede ser incómodo para todo el mundo, en especial para su familia.Getty Images

POR BOBBY LAURIE

Condé Nast Traveler

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