Dr. Salomón Kube León

Aunque la tecnología moderna permite que el interior de la cabina de las aeronaves se encuentre presurizada, la presión de la misma nunca puede mantenerse al igual que la presión a nivel del mar. A una altitud de crucero máxima, la presión rara vez estará por debajo a una presión igual que corresponde a una altura de 1.600 a 1.800 mts.

A una altitud máxima la presión barométrica puede caer desde 760 mmHg a 560 mmHg, es decir, hasta un 25%, lo cual produce una serie de cambios en el organismo, sobre al aumento de gases intestinales.

Las cavidades del cuerpo humano que no contienen líquido en su interior, generalmente contienen gas: intestinos, oído medio, etc; el exceso de gas puede normalmente dispararse. Los gases atrapados en las distintas cavidades pueden causar intenso dolor en el oído, esto ocurre cuando la trompa de Eustaquio se encuentra bloqueada por algún trastorno como gripe, alergias, sinusitis, lo cual obstaculiza el buen paso del oído medio al espacio faríngeo, también puede haber en la región frontal y maxilar, por el bloqueo al exceso de estas cavidades.

La distención de los gases contenidos en los intestinos causa malestar general, sensación de llenura y molestia abdominal.

Pasajeros sometidos a exploraciones médicas o intervenciones quirúrgicas abdominales o toráxicas pueden sufrir malestar ocasional por la distención de gases penetrados en dichas cavidades.

La caída de la presión barométrica dentro de la cabina, también ocasiona caída de la presión del oxígeno hasta un 25%, y a nivel de los alveolos pulmonares la presión del oxígeno puede caer hasta un 30%. Esto puede afectar seriamente a quienes sufren de anemia, enfermedades pulmonares, que pueden ocasionar problemas de oxigenación en los tejidos, durante el vuelo; generalmente estos pasajeros requieren oxígeno a bordo.

Las personas que tienen problemas de circulación o con compromiso de sus arterias coronarias, pueden presentar caída en la presión de oxígeno y requerirá oxígeno extra durante el viaje.

El espacio entre los asientos, generalmente es reducido y los pasillos además de estrechos muchas veces se encuentran ocupados, lo cual impide extender las piernas con comodidad. En algunas aeronaves se encuentran pocos asientos con mayor espacio para extender los pies, situados cerca de las puertas de emergencia. La humedad dentro de la cabina a gran altitud es muy baja, algunas veces hasta menos del 10%; aunque esto puede causar cierto malestar, no repercute mayormente sobre pasajeros que viajan con algún padecimiento.

La inmovilización prolongada en vuelos largos ocasiona trastornos de la circulación, sobre todo en los miembros inferiores. Se pueden presentar edema, es decir, inflamación a nivel de los tobillos y pies, así como otros síntomas de insuficiencia circulatoria. Durante el vuelo, la posibilidad de movimiento y ejercicio es muy limitada; los pasillos pueden estar ocupados, la mayoría de las veces, por el personal de cabina atendiendo a los pasajeros. Durante el vuelo, se recomienda mover frecuentemente los pies y ejercitar los músculos de las piernas; caminar en cuanto se tenga oportunidad, sobre todo quienes sufren trastornos circulatorios, varices o que hayan sufrido de flebitis y otras enfermedades que promuevan la formación de coágulos.

El aire circundante en la cabina puede estar ligeramente enrarecido por la existencia de gases derivados de la propia presencia humana, como por hábitos de vida (tabaquismo, alcoholismo, etc.), así como las comidas en su almacenaje, elaboración y distribución.

Por todas las razones expuestas, siempre se recomienda notificar a su agencia de viajes o a la línea aérea, si padece de algunas de las afecciones antes enumeradas o si requieren alguna comida especial, con el fin de que el departamento médico facilite todo lo necesario para un feliz viaje.

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