La primera vez que visité Bonaire fue en 1970, como piloto supernumerario de Shell de Venezuela, volando los aviones Heron-De Havilland HS114, un multimotor muy parecido, pero mucho más pequeño que el Vickers Viscount que volaba Línea Aeropostal de Venezuela; en esa época la isla era prácticamente virgen, un escaso desarrollo urbano de su capital Kralendijk, y pocos servicios turísticos; sin embargo, la isla cautivaba a muchos por sus prístinas aguas, la solitaria, pero maravillosa isla de Klein, y un mundo submarino infinito que desde temprano conquistó a deportistas de todo el mundo.

Bonaire siempre fue la cenicienta de las islas holandesas ABC, Curazao se desarrolló como puerto libre, centro de negocios, petróleo y banca, con una discreta, pero creciente actividad turística, mientras que Aruba sustentó su vida económica en el turismo y desde los años 70 ya repuntaba a convertirse en un muy concurrido destino turístico cuyos productos principales eran (y siguen siendo) sol y playa, casinos y tiendas libres de impuestos.

Los ingresos de Aruba y Curazao le permitieron impulsar su infraestructura con el apoyo del gobierno de los Países Bajos (Netherlands), Bonaire evolucionó muy lentamente en comparación con sus islas hermanas.

En 1975 dos excelentes profesionales venezolanos, Daniel Camejo Octavio y Carlos Lares Cordero lideraron un proyecto turístico denominado “Flamingo Paradise”, suerte de Resort Internacional, el cual lamentablemente no se ejecutó por problemas financieros, en esa misma época una empresa de capital venezolano – curazoleño, Ferrys del Caribe, logró conectar al estado Falcón con Aruba y Curazao, y durante algún tiempo se conectó con Bonaire los días sábados a través de un servicio donde el ferry “Almirante Brion” se quedaba en Kralendijk por aproximadamente ocho horas, tiempo suficiente para que cientos de curazoleños, venezolanos y decenas de arubeños disfrutaran de esta isla; posteriormente otros empresarios también intentaron hacer otras instalaciones residenciales y turísticas, y algunos de ellos fueron exitosos.

En 1999 las playas de Bonaire fueron bastante afectadas a consecuencia del huracán Floyd que por varios días estuvo azotando al Caribe antes de marchar hacia la costa este de USA.

En 2010 fui invitado a la isla a conocer un proyecto turístico, y me percaté que pasados más de 30 años Bonaire seguía teniendo mucho potencial turístico pero que poco se había hecho para alcanzarlo; fue así como después de evaluar todas las oportunidades que existían a tan sólo 15 minutos de vuelo en jet desde Venezuela, decidí emprender una acción que denominé “Iniciativa Bonaire 2012”, la cual me permitió viajar varias veces a dicho destino con algunos empresarios venezolanos para que evaluaran su eventual participación en proyectos turísticos.

En algunos casos, viajamos en los aviones privados de los empresarios, pero la mayoría de las veces lo hicimos a través de las líneas aéreas comerciales, lo que rápidamente nos hizo meditar sobre la necesidad de servicios directos entre Venezuela y Bonaire, para evitar las tortuosas escalas en Aruba y Curazao en tránsito para la isla cenicienta.

De allí en adelante todo giró alrededor de dos cosas: las oportunidades para invertir en la isla, y la necesidad de una línea aérea que apoyara el desarrollo turístico de Bonaire.

Se identificaron dos macro proyectos:

1. La ampliación y modernización del aeropuerto de Kralendijk, y

2. El proyecto de un puerto de cruceros para la isla, que ya para 2012 recibía hasta seis buques de crucero semanalmente, a pesar de no tener muelles importantes, ni terminal de pasajeros.

Además, se identificaron una serie de proyectos grandes y medianos de infraestructura hotelera, ambiental y vial, y decenas de posibles proyectos de carácter recreacional. Conversando con las autoridades de la isla una cosa estaba clara, Bonaire no estaba interesada en un desarrollo masivo del turismo como lo tiene Aruba, sino en un desarrollo sostenible otorgándole prioridad a la conservación ambiental.

Actualmente la mayoría del turismo que va a Bonaire tiene motivación por el submarinismo y los deportes de vela, o visita la isla por escasas horas en los barcos de crucero. Hay mucho potencial para resorts para la juventud aventurera, pero también para la tercera edad.

Mientras Aruba y Curazao lograron su “Status Apart” una especie de independencia administrativa de Holanda, Bonaire y otras pequeñas islas quedaron como Municipio Autónomo Holandés, lo cual las mantiene dependientes del país de los tulipanes, aunque en su territorio la moneda de curso legal principal sea el dólar americano.

En 2015, a través de Estratega Consulting LLC, presenté a las entonces autoridades de la isla, un documento denominado “Ideas para un Plan Integral de Desarrollo Sostenible para Bonaire”, en el cual identificaba una serie de acciones con el objeto de lograr que en un período de siete años se elaborara y ejecutara dicho plan. A la fecha, sigo pensando que Bonaire tiene un excelente potencial para crecer dentro del Caribe, independientemente que el mercado venezolano no sea hoy en día uno de los que más visitantes les provea.

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo. ;

Esta dirección de correo electrónico está siendo protegida contra los robots de spam. Necesita tener JavaScript habilitado para poder verlo.

https://plus.google.com/u/0/+WilliamBrachoTurismoSustentable/

Volver al boletín

Certifíquese como Experto en Norwegian Cruise Line

NUEVO!!!!

 

Volver