El accidente aéreo del pasado mes de agosto en el que perdió la vida Luis Picardi, sacó a flote nuevamente el oscuro caso de la isla La Tortuga. Luis Picardi había recibido la permisología necesaria y el financiamiento para desarrollar y culminar proyectos hoteleros en el Archipiélago de Los Roques y en la Isla de Aves (Sotavento) y para la ejecución de planes turísticos ”Full Day” en las islas La Tortuga y La Blanquilla, para lo que habría recibido 195 millones de dólares de financiamiento.

Uno más de los muchos negocios revolucionarios a los que no tiene acceso la opinión pública en general y a los cuales el país ya parece estar acostumbrado (o resignado) luego de casi dos lustros de Socialismo del Siglo XXI.

Ya en el año 2008 se había anunciado con bombos y platillos el plan de “Desarrollo Endógeno” de La Tortuga. Como el amigo lector puede inferir por el nombre del proyecto, éste contempla el desarrollo de “Conucos Familiares”, “Refugios Solidarios” y “Posadas Comunitarias”. Se me eriza la piel solo de pensar que pudiera salir de este plan, pues La Tortuga es nuestra isla más grande luego de Margarita, con una superficie de 160 km cuadrados, aproximadamente el 60% del tamaño de Aruba. (La presentación de este proyecto puede ser descargada de http://www.cenditel.gob.ve/node/738)

En otras palabras, La Tortuga, al ser una isla deshabitada, es un lienzo en blanco donde pueden desarrollarse proyectos turísticos 5 Estrellas GL (Gran Lujo) a nivel de los hoteles que se encuentran en Bora-Bora, Las Maldivas o Las Islas Mauricio, con un aeropuerto internacional, puerto de cruceros, facilidades de todo tipo, desarrollos hoteleros de bajo impacto y gran calidad, plantas desalinizadoras, tratamiento de aguas servidas, energía limpia (si algo sobra en nuestras islas es sol y viento!) centro de cultivos hidropónicos para abastecer buena parte de la demanda de la isla en vez de los “conucos familiares” propuestos por la revolución y un casi infinito etcétera.

(FOTO: Hotel en las Islas Maldivas)

Pero no todo es malo, en noviembre de 2016 se inició la demolición de las rancherías que poco a poco habían ido invadiendo parte de la isla. Aplaudo esta decisión que evita convertir a La Tortuga en una versión caribeña de la isla Migingo, en Kenya. 

(Isla Migingo, Kenya)

El proyecto también contempla el uso de energía solar y eólica (lo cual pudieran implementar en Los Roques y deshacerse de una vez por todas de la planta eléctrica operada con el altamente contaminante gasoil). Lo que asusta es que no está previsto ningún proyecto de alto nivel que pudiera representar un ingreso de divisas para el país, tan solo las posadas comunitarias y los refugios solidarios. Hace un año anunciaban que en 4 meses ya se podría disfrutar de los “Full Day” a La Tortuga, pero ya estamos habituados a estos desfases entre los anuncios y la puesta en práctica, como lo confirman el Teleférico de Mérida y el Hotel Humbolt en el Ávila.

Tal y como comenté hace varios meses en el artículo titulado “Las islas de nadie”, tenemos unas joyas en nuestro mar territorial, las cuales pueden y deben ser manejadas por expertos que puedan convertirlas en verdaderas generadoras de divisas y situarnos en un sitial honroso en el mapa turístico mundial. Con posadas comunitarias, refugios solidarios y conucos familiares no lo lograremos.

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