La expresión” Competitividad” se refiere a la capacidad de un producto o sector para competir dentro de un contexto económico nacional o internacional, o en relación a un conjunto de otros productos y servicios en potencial competencia.

Respecto a la competitividad de los países para desarrollar el turismo, el tema se hace muy interesante ya que esta pasa a depender tanto de los actores del sector público como de los del sector privado. Esta ha sido el eje de discusión para la definición de una política turística integral, ¿Quién se ocupa de garantizar cada aspecto necesario para competir? En aquellos países donde el Estado se dedica a garantizar el funcionamiento de las instituciones, el desarrollo y funcionamiento de los servicios básicos, la infraestructura, la seguridad, la educación, la salud, el ambiente, y otras áreas de su responsabilidad; así como a orientar y promover la actividad económica privada, está claro que buena parte de las capacidades para competir depende del mismo, quedando al sector privado la capacidad para competir con los productos turísticos comerciales definidos a través de hoteles, líneas aéreas, agencias de viajes, parques temáticos, etc.

Donde se complican las cosas es en aquellos países donde el Estado se convierte en propietario y operador de servicios turísticos, entrando en competencia con el sector privado y en la mayoría de los casos descuidando tanto las funciones propias de su fin, como el manejo eficiente de sus negocios turísticos.

La competitividad tiene mucha relación con la sostenibilidad, ya que esta última se convierte en un elemento esencial de la primera. Podemos afirmar que un destino turístico no será competitivo si no se asegura primero su sostenibilidad turística integral.

Frecuentemente escuchamos en el medio turístico quejas sobre los problemas de competitividad de los destinos y de los problemas para el desarrollo de sus productos turísticos. Sin embargo, las quejas no mejoran la capacidad del sector para competir, es necesario trabajar con diversos elementos para que los productos sean de calidad sostenible, entre ellos la capacitación, la tecnología, las auditorías de calidad y por supuesto, la calidad del entorno, que es allí precisamente donde entra la responsabilidad del Estado en sus diferentes niveles, bien municipal, estadal o nacional.

Lograr la competitividad de un destino turístico es un trabajo conjunto del sector privado y el sector público.

La actividad turística es un gran negocio para aquellos países y empresarios que trabajan juntos en desarrollar y mantener la calidad y sostenibilidad de los productos turísticos. El tema de la competitividad siempre tendrá que ser abordado y revisado porque los productos turísticos que ofrecemos no son “Únicos o Exclusivos”, todo lo contrario, existen a montones en la región geográfica en la que nos encontramos; me refiero a que competimos en el Caribe con miles de productos de sol y playa, submarinismo, pesca, golf, deportes acuáticos, gastronomía, etc. También competimos con recursos ambientales y culturales parecidos a los de nuestros vecinos, a excepción de nuestros recursos ambientales de la Guayana venezolana, donde podríamos afirmar que tenemos recursos únicos como lo son los Tepuis, los paisajes que ellos conforman, nuestros ríos rojos como el Carrao, nuestro Salto Ángel. También posemos recursos escasos como la Cueva del Guácharo, los Médanos de Coro y de Apure, y productos muy particulares como el teleférico de Mérida y el hotel Humboldt.

Dada la variada oferta y calidad de productos turísticos asociados a un Destino País, alcanzar un nivel de competitividad, no es suficiente, hay que mantener en el tiempo esa capacidad para competir, lo cual es un trabajo complejo que requiere el desarrollo de certificaciones ambientales, de calidad de los productos, de mucha motivación de los equipos humanos, bien trabajadores dependientes e independientes, emprendedores y gerentes. El mantenimiento de la competitividad requiere también la identificación y exaltación de elementos diferenciadores en los productos turísticos, la innovación, la creatividad y el adecuado control de la relación costos - precios. Muchos destinos dejan de ser competitivos por los altos precios de los productos y servicios turísticos, perdiendo de esta forma su capacidad para crecer o para mantener su cuota de mercado, sin embargo, aquellos que elevan continuamente la calidad y sostenibilidad a la par de los precios, se convierten en destinos privilegiados.

En Venezuela tenemos un largo camino que recorrer, primero, para alcanzar ciertas metas en materia de sostenibilidad, calidad y tecnología; y luego, ir recuperando nuestra capacidad para competir con nuestros vecinos de Latinoamérica y Caribe en materia de turismo internacional receptivo, mientras tanto, nuestro primer objetivo debe ser lograr poner en valor y competencia a nuestros destinos nacionales de playa, montaña, llanos y selva, de manera que podamos servir con calidad al turismo nacional, buscando que esa mejora sustancial que alcancemos, nos sirva para luego ir tras los visitantes internacionales que desaparecieron del mapa.

Willian J. Bracho

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