El sombrero pintao se convirtió en la primera tradición panameña en ingresar a la selecta lista de Patrimonio Inmaterial de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).

'Felicito en primera instancia a los artesanos del país que trabajan en la elaboración de esta prenda que forma parte de nuestra identidad', expresó el ministro de Comercio e Industrias, Agusto Arosemena, quien reafirmó el compromiso del Estado para asegurar la materia prima y las condiciones que garantizan el desarrollo sostenible de estas comunidades.

Adelantó que actualmente el Proyecto de Salvaguardia del Patrimonio Cultural Inmaterial de Panamá trabaja en otras candidaturas, entre ellas el significado y diseño de la mola tradicional.

Precisó que para la XII sesión del Comité Intergubernamental para la Salvaguardia del Patrimonio Inmaterial de la Unesco, que sesiona hasta el sábado en la ciudad surcoreana de Jeju, la entidad que dirige también preparó el expediente concerniente a la cultura congo.

Desde la sede del encuentro, la coordinadora del Proyecto de Salvaguardia del Ministerio de Comercio e Industria, Emma Gómez, dijo sentirse orgullosa de contar con hombres y mujeres valiosos y creativos que hacen posible las técnicas artesanales asociadas al sombrero pintao.

'El trabajo de salvaguardia de recorrer con ellos los campos y los centros urbanos para hacer el inventario o documentar sus conocimientos nos obliga a ser humildes, a mirar con respeto y admiración a los maestros de familias enteras que han cuidado un legado valioso por tantas generaciones', apuntó.

Gómez resaltó que la difusión de este conocimiento, resultado del mestizaje y de la herencia indígena, muestra procesos ancestrales del cuidado de plantas, con creativos diseños que dialogan con el pasado y el presente, y con todas las expresiones del patrimonio cultural inmaterial nacional e internacional.

El sombrero pintao es una de las prendas de vestir más características del folclore de este país centroamericano, el cual se emplea generalmente por los hombres del campo para protegerse del sol.

Para su confección se utilizan habitualmente fibras naturales de junco, bellota o pita, propias del clima istmeño, mientras que el color oscuro de sus franjas se obtiene de la planta chisná, cuyas hojas se hierven junto a las fibras que serán teñidas, proceso manual que emplea técnicas transmitidas de generación en generación.

La calidad de estos sombreros se define por la cantidad de vueltas que tenga (menos de 15 y hasta 24), de ahí que los precios oscilen entre 150 y 500 dólares; en tanto, el tono de los colores puede variar de acuerdo a la región del país, y el nombre, a las pintas que se empleé para su confección.

Entre los más representativos sobresalen el pinta mosquitos, el blanco o ñopito, el junco (el más resistente) y el pintao, uno de los más cotizados que se confecciona en La Pintada, pero debe su nombre a la combinación de pintas blancas y negras.

Fuente: PanamáÓn

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