El protagonista del salón de la Aeronáutica de Le Bourget (París) de este año no será una estrella, ni presumirá de que las cosas le hayan ido muy bien, ni ofrecerá un avión megagrande o megarápido. El centro de las miradas de París será Boeing, que se enfrenta al reto de ver cómo Airbus le sobrepasa con nitidez en la batalla por el liderazgo mundial en la fabricación de aviones, lo cual tiene más simbolismo para la primera potencia económica del mundo.

Boeing llega a Le Bourget con un problema sobre la mesa que se llama Boeing 737 Max y Boeing 797. Dos nombres, un problema.

No, en contra de lo que pensamos, el problema no es el software del 737 Max, sino el dilema: ¿presentar el 797 y sumar pérdidas incontables o no presentar el 797 y también sumar pérdidas, pero más a medio plazo?

Si Boeing no decide definitivamente iniciar el diseño del 797, el avión que reemplace al 737 en la gama más alta, siguiendo al desafortunadamente retirado 757, el fabricante americano corre el riesgo de que la distancia de Airbus en este segmento de gran demanda se pueda hacer insalvable. Una aerolínea puede que se encuentre con que no pueda prescindir de este modelo y eso le obligaría a comprar Airbus incluso a los que son fieles al fabricante de Seattle. Ya le pasó a Norwegian: sólo tiene Boeing, pero después hubo de comprar el 321LR para un tipo de servicio que sólo atiende este avión.

Esto, más o menos, se entiende.

Sin embargo, es más difícil entender por qué Boeing corre graves riesgos si presenta el 797. El lanzamiento del 797, que todo el mundo esperaba para estas fechas, supondrá que Boeing formalmente tendrá un reemplazo del 737 Max. Eso significa ofrecer un avión de nuevo diseño por un lado y uno del que se han estrellado dos unidades, desprestigiado, rechazado, por otro.

¿Quién va a comprar el segundo modelo, con su imagen destruida por los accidentes y prácticamente descartado por el fabricante Boeing? Si presenta el 797, las ventas del 737 Max, con toda probabilidad, quedarán congeladas y entonces sí será imposible amortizar el gasto en el diseño de ese avión, la creación de las líneas de producción, por un lado, y se producirá una congelación de ventas en el segmento por parte de Boeing durante casi un lustro, yendo las cosas bien.

Pensemos que la dirección de Boeing no trabaja pensando en los pilotos, ni en los periodistas, ni en el público en general, sino en los accionistas que son los que deciden, que son los que han asumido riesgos. Y ante ellos, el dilema de Boeing es financieramente desastroso

Mientras tanto, Airbus que, tras su fracaso con el 380, busca mantenerse en primera línea, es consciente del éxito de su plataforma 320, especialmente en la banda alta, con el 321 en sus diversas versiones. El modelo LR se ha convertido en un éxito de ventas mucho antes de que su presencia en el mercado sea importante y ya anuncia la versión XLR, aprovechando el filón. El mercado parece que ahora demanda aviones de un pasillo y largo recorrido y Airbus no quiere dejar pasar su ventaja competitiva en este sentido.

Fuente: preferente.com

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