Un lugar peligroso para la gente desprevenida. (Reuters/Juan Medina)

Es momento de moverse por todo el mundo y disfrutar de las vacaciones. También es momento propicio para ser víctimas de estafas más o menos ingeniosas

Luchar contra los elementos, a veces, es imposible. Y el turista, el de siempre, aunque intente disimular, huele a turista desde lejos. Algo en su interior, cuando sale de su ciudad, se rebela para avisar a los responsables de hoteles, restaurantes o tiendas de souvenirs, de que por ahí va un blanco fácil para sacar unos euros de más. O para estafar, directamente. Nórdicos asfixiados de calor, jóvenes mochileros, abuelos en pantalón corto, hordas de japoneses con guías, parejas con planos o 'millennials' colgados del Google Maps son señales claras que activan el sistema de alerta y cualidades legendarias de los empresarios para hacer negocio en verano.

¡Ay del turista que espere gozar de la simpatía y cortesía de un oriundo! Detrás hay, seguro, algún truco o servicio adicional para disparar el precio de la cuenta de un viajero. Es así. Hinchar los precios delante de ellos es algo que se ha hecho viral. Hace no mucho, algunos medios recogieron la historia de una pareja que, mientras visitaban Formentera, tuvieron que hacer frente a una cuenta de 337 euros por un almuerzo sin grandes lujos. Los responsables del chiringuito ‘Juan y Andrea’ argumentaron que el precio era tal alto porque allí habían comido personajes como Robert de Niro o Leonardo di Caprio.

En Madrid, por ejemplo, abundan en la Gran Vía y en los barrios del centro, restaurantes que ofrecen paellas que no son más que una sartén de arroz precocinado, menús de comida típica que alcanzan precios estratosféricos y otras lindezas pensadas para engañar a un extranjero. Pero el sector gastronómico no es el único peligroso. Y aunque 'Spain is different', hay estafas que funcionan en todos los países. Un estudio elaborado por el portal web 'migoa.es' muestra una recopilación de los engaños más habituales que se realizan a los visitantes.

El del taxi es un clásico. Algunos conductores son capaces de manipular el taxímetro o dar un buen rodeo con tal de cobrar cifras más elevadas de lo establecido. El de los hoteles y alojamientos es otro. En este caso, países como Cuba o Tailandia son los que se llevan la palma. Allí lo más probable es que alguien pare al turista que se dirige a su hotel para decirle que ha habido un problema con su reserva. Y a continuación, tal y como explican en la citada web, le acompañarán hasta otra residencia cercana, probablemente propia, para sacar un dinero adicional.

Los masajes aparentemente gratuitos, un guía local que se ofrece para hacer un tour privado, alguien disfrazado de un personaje de televisión o las portadoras de las ramitas de romero de la calle Preciados de Madrid son otros ejemplos de engaño.

En los últimos meses, quizá por el éxito de la plataforma del alquiler vacacional, las estafas a través de Airbnb han ido creciendo de forma considerable. De hecho, la propia empresa publicó al inicio del verano algunas recomendaciones para evitar ser víctima de un timo. Desde la compañía explican que uno de los engaños más frecuentes es el llamado 'phishing', que consiste en suplantar la identidad de un tercero para convencer al que va a alquilar un apartamento de que está tratando con el proveedor real. Por eso, desde la empresa recomiendan revisar siempre la URL de la web para asegurar que la reserva se realiza desde su portal oficial. No contactar con el arrendador fuera de la web y no pagarle directamente la reserva son otras de las reglas de oro que hay que cumplir para no perder dinero

Y por si fuera poco, este año también hay estafas de moda. La Guardia Civil ya ha alertado a través de sus redes sociales de la creciente presencia en playas de personas que se hacen pasar por sordomudas. El 'modus operandi' de estos estafadores pasa por llamar la atención de los turistas para mostrarles una acreditación de discapacidad falsa, pedirles una ayuda económica y, al tiempo y con un exquisito juego de muñeca, robar la cartera, el móvil o similares.

Otro truco estrella de este verano son las irregularidades que se cometen en algunos chiringuitos playeros. La devolución del cambio en bolívares en lugar de euros es uno de las que se están repitiendo con mayor frecuencia. En este caso, la ganancia para el timador está garantizada. La moneda venezolana, que guarda cierto parecido con los euros, sólo vale nueve céntimos.

Turista, aquí o allá, vayas donde vayas, sentido común y que no te la cuelen.

Fuente: El Confidencial

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