Varios estudios acreditan que el descanso estival reduce el estrés y alarga la vida 

Digan lo que digan, las vacaciones son buenas. Todos necesitamos romper la monotonía del día a día y descansar. Pero la tregua estival no sólo se traduce en diversión, restauración, viajes… también redunda en efectos beneficiosos para salud.

Al menos así lo avalan sesudos estudios científicos. Uno de los que más se suele repetir cuando se habla de estos temas es el que realizaron un grupo de investigadores de las universidades de Harvard y California, en EE.UU.

Los científicos analizaron la interrupción de la rutina laboral y sus efectos sobre nuestro genoma. Llegaron a la conclusión de que con las vacaciones se reduce la actividad de algunos genes implicados en el estrés –FOXO3– y otros relacionados con enfermedades degenerativas y el envejecimiento, a través de cambios epigenéticos.

A estas transformaciones las han bautizado como «efecto vacaciones». Quizás lo más importante de este estudio es que el beneficio se comienza a observar a partir del sexto día del disfrute vacacional.

Sin embargo, no es preciso llegar a una semana de descanso laboral para que nuestro sistema inmunológico sea más eficiente cuando tiene que hacer frente a las infecciones virales.

Buenas para el corazón

Hace tan solo unas semanas un grupo de investigadores de la Universidad de Syracuse (Estados Unidos) dieron un paso más, al señalar que las vacaciones son cardiosaludables.

En esta ocasión los autores demostraron que las personas que disfrutan vacaciones con mayor frecuencia a lo largo del año tienen menor probabilidad de sufrir el síndrome metabólico, uno de los factores de riesgo de la enfermedad cardiovascular.

De esta forma se pone de manifiesto que una persona puede reducir su riesgo cardiovascular simplemente con irse de vacaciones. ¡Así de sencillo!

Este estudio va en la línea de otro publicado en el año 2018 por docentes de la Universidad de Helsinki. La población objeto de su análisis fueron ejecutivos varones en la edad media de la vida.

Reclutaron a más de 1.200 personas y las siguieron durante un periodo de 40 años. Todas ellas tenían, al menos, un factor de riesgo vascular: tabaquismo, hipertensión arterial, colesterol o triglicéridos elevados, sobrepeso, intolerancia a la glucosa…

Entre las numerosas conclusiones a las que llegaron hay una que llama especialmente la atención: las vacaciones disminuyen la mortalidad.

Por ejemplo, concluyeron que los ejecutivos que rompían la rutina laboral durante más de tres semanas reducían sus posibilidades de fallecimiento en un 37 por ciento, en comparación con aquellos que se alejaban del trabajo durante menos de 21 días al año.

Menos infartos en verano

En el año 2017 científicos de la Universidad de Upsala demostraron que el verano es la época en la que se registra un menor número de infartos, al menos en Suecia.

Para llegar a esta conclusión analizaron un total de 156.690 historiales médicos de pacientes ingresados por infarto agudo de miocardio entre los años 2006 y 2013. Entre las variables que se examinaron figuraban las vacaciones estivales.

En sus conclusiones apuntaban que aquellas personas que salen de vacaciones durante el mes de julio reducen el riesgo de sufrir un infarto de agudo de miocardio en un ocho por ciento, una cifra nada desdeñable. Posiblemente, el beneficio gravita en la disminución del estrés durante ese mes.

Para finalizar, recordar una cita de Elbert Hubbard, un escritor y filósofo estadounidense decimonónico, uno de aquellos que paseaban guarecidos con sombreros de ala ancha: «la persona que más necesita unas vacaciones es aquella que acaba de tenerlas».

elmundoalinstante.com

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