Un nuevo estudio desestimó el rol de la “zona de habitabilidad” en los sistemas estelares, hasta ahora, uno de los puntos fundamentales en la búsqueda de vida tal como se le conoce en otros rincones del Universo.

En el estudio del universo una de las líneas de investigación que se ha mantenido constante es la búsqueda de vida fuera de la Tierra, ya sea en nuestro Sistema Solar o en alguna otra formación estelar en el cosmos, sin éxito hasta la fecha. En este contexto, los científicos han establecido una serie de características que necesita un planeta para albergar la vida tal como la conocemos hasta la fecha, sin embargo, un reciente estudio vendría a desmentir al menos uno de estos parámetros.

Se trata de la “zona de habitabilidad”, un espacio que ha sido denominado así porque, tal como lo explica su nombre, permite la habitación de organismos vivos. Este trozo es una parte dentro de todo sistema estelar respecto de su estrella central que permite mantener agua en estado líquido, elemento fundamental para nuestra vida. Esto es no tan cerca para que se evapore completamente y no tan lejos como para que congele. 

Este nuevo trabajo, publicado en la revista Astrophysical Journal, estipula que incluso estando dentro de esta zona no existen garantías de que los exoplanetas sean candidatos óptimos para el desarrollo de la vida como se le conoce. Esto se debería a que las atmósferas de estas formaciones rocosas suelen estar con altos índices de gases tóxicos.

De acuerdo con el estudio, estos gases llegarían a causa de las estrellas que componen estos sistemas estelares, y que podrían pasar por las atmósferas de los exoplanetas que, en algunos casos, no tendrían la capacidad de frenar estos estímulos, tal como ocurre con Marte que, a pesar de estar dentro de esta llamada “zona de habitabilidad”, no es capaz de entregar un planeta con condiciones similares a la Tierra.

Así, aunque muchos de estos exoplanetas puedan tener agua líquida, “para sostener esta agua en el borde externo de la zona de habitabilidad necesitaría tener decenas de miles de veces más dióxido de carbono de lo que hay actualmente en la Tierra, lo que lo deja en nivel mucho más allá de los parámetros considerados tóxicos”, explica el autor principal del estudio y científico de la NASA, Edward Schwieterman.

Fuente: elmundoalinstante.com