Italia regulará el flujo turístico a los grandes centros artísticos de sus ciudades para evitar la masificación ante algunos de sus monumentos.

Se trata de establecer una especie de «numerus clausus» para «tutelar los centros históricos», según el ministro de Bienes Culturales y de Turismo, Dario Franceschini. Algunas ciudades italianas se plantean, desde hace tiempo, la necesidad de regular el turismo y las vacaciones en masa.

En Venecia, por ejemplo, es un tema de permanente discusión. La ciudad de los canales es visitada cada año por unos 30 millones de turistas, mientras en la capital italiana se superan los 40 millones. La idea del ministro Franceschini es que sobre el Puente de Rialto de Venecia, el Ponte Vecchio de Florencia o la Fontana di Trevi en Roma «los turistas no podrán estar en masa, porque físicamente no es posible. Es necesario prever formas de fruición y acceso a los monumentos distintas a las actuales».

Contra la masificación, a veces salvaje e incondicionada, se manifiestan críticos e historiadores del arte, que piden una tutela de los bienes públicos. Como respuesta, el plan del Ministerio de Bienes Culturales es claro: se deben controlar los flujos de ingreso en los lugares más conocidos, imponer sistemas para contabilizar las personas, paradas breves y establecer números cerrados, de forma que no puedan permanecer demasiadas personas al mismo tiempo. Es decir, no se trata de «numerus clausus» en las ciudades, sino, en todo caso, de un número cerrado en algunos monumentos.

Esta estrategia responde a un ambicioso plan del Gobierno italiano, que se replantea el modelo de promoción turístico-cultural del país y cuyas líneas maestras están en un nuevo plan estratégico que acaba de ser aprobado. Según dijo ayer el ministro Franceschini en el Forum de Confcommercio, Italia «debe buscar un turismo de excelencia, el que conlleva riqueza». Con este objetivo, el Ministerio de Bienes Culturales pretende mostrar también las bellezas «escondidas» de Italia, que apenas son visitadas.

Por ejemplo, «el Coliseo tiene seis millones de visitantes al año, mientras el Palacio Venecia, que está a 600 metros, solamente lo visitan 50.000», subrayó el ministro. Otro caso emblemático lo cita el crítico de arte Philippe Daverio: «Cuando Sigmund Freud visitó Roma contempló durante horas el Moisés de Miguel Ángel y hoy, en la misma espectacular iglesia de San Pietro in Vincoli, cerca del Coliseo, el turismo es escaso».

El desafío del Gobierno italiano es hacer también atractivas otras joyas «escondidas» o menos conocidas del patrimonio cultural, sobre todo en el sur de Italia. En 2016, llegaron 56 millones de extranjeros;de ellos, solamente un 15% descendió de Roma hacia el sur. Italia liga su turismo, que representa el 10,2 % del PIB, a su «extraordinaria potencialidad cultural», dice el ministro. Y para defender ese bien público, «es necesario regular el acceso».

Fuente: Caribbean News Digital

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